lunes, 31 de diciembre de 2007

Acto de desaparición (Superando a Houdini)


El lugar ideal lo encontró junto al borde de un pequeño barranco arenoso.

En la base puso un tablón grande en ángulo de 45 grados, colocando al centro con perfecto balance, un palo al que ató una cuerda larga.

Delicadamente fue aflojando la arena y tierra seca de la base.
Demoró poco menos de una hora para dejar pronto el mecanismo que aseguraba el efecto.
Sin apuro (pero sin pausa) cavó un hueco grande, cómodo, y la tierra que sacaba la fué distribuyendo con mucho cuidado sobre el mismo tablón, procurando que no perdiese el equilibrio.
Cuando llegó a la profundidad deseada, puso en su sitio la cuerda, tomó unos tragos de agua de la cantimplora, luego la guardó en el hueco junto con la pala, se acostó adentro y jaló de la cuerda.
Tal como lo había previsto, esto desprendió el tablón que resbaló tapando perfectamente la fosa y sobre este cayó toda la tierra suelta y la que se desprendió del pequeño barranco al desmoronarse su saliente, cubriendo completamente la madera sin dejar huellas de trabajo humano.

En completa oscuridad, pero aún con aire, llevó el 38 de caño corto a su boca. De afuera no se sintió nada.

Se "desapareció" impecablemente.
Un genio el hombre.
Houdini un bebé de pecho.

martes, 27 de noviembre de 2007

La sospecha

La sospecha


“No pensé que llegaras tan temprano - la voz se sentía nerviosa – no tengo nada preparado, como ves, todo es un desorden” – se sintió un ruido sordo en el dormitorio – “Nerón debe estar haciendo de las suyas” – al sentir su nombre el perro vino moviendo el rabo, había conocido la voz y esto en parte quitó tensión al ambiente –

“¿Vas a darte una ducha antes de cenar? – era mas un pedido que una pregunta, la voz se sentía levemente angustiada – si ya cenaste tengo agua caliente en el termo, ¿querés un café?” – mientras caminaba hacia la cocina sintió la negativa del esposo – “bueno, entonces duchate que ya vuelvo”.


El hombre dejó la ropa sobre la cama al pasar al baño, abrió la llave del agua caliente y comenzó a conversar con ella. Desde el comedor se sentía clarito el ruido del agua en la bañera y su voz serena.


Segura que estaba bañándose ella constestó a sus preguntas y siguió con el tema del café, porque precisaba tiempo. “Bueno si, te lo dejo en la mesa de noche, está muy caliente”.
Nerviosa abrió rápidamente la puerta del closet sin hacer ruido, pero no encontró a nadie, buscó luego bajo la cama y tampoco, supuso que se habría ido pero vio la ropa escondida en el rincón, casi no podía respirar, sintió que el marido salía del baño.


“¿Ya te bañaste?... ¿tan rápido? – intentaba controlarse pero era casi imposible, los pasos se acercaban a la puerta – ¿que rico se siente luego de una ducha de agua caliente no?, hoy seguro que tuviste poco trabajo, por eso llegaste pronto, ¿no?”.


Él se secaba parsimoniosamente la cara a los pies de la cama, el cuerpo desnudo, ella le repitió, solícita: “tenés el café en la mesa de luz, mi amor, decime si esta bien de azúcar, se te va a enfriar”.


Con la toalla en la mano, siempre desnudo, tomó un trago, le dijo que estaba bien y después con mucha calma le dijo que no le quedaba claro que hacer, pero que opinaba que lo mas sensato seria llamar a la policía. Esto la dejó pensando.


“¿Llamar a la policía... y para que?” – recién allí vio la mano pálida saliendo de la bañera y unos salpicones rojos en la mampara y las baldosas del baño. Quedo sin palabras. Como de ultratumba sintió que desde algún sitio la voz de su esposo le decía:


“No volví temprano, no, simplemente no fui a trabajar, sospechaba esto desde hacia tiempo– las palabras sonaban impersonales, congeladas - ¡pero con alguien de nuestra total amistad!... eso si no me lo imaginaba, la verdad - la revelación quedó flotando como una nube fria en el dormitorio mientras el vapor de agua que salía del baño y la mancha roja del piso aumentaban de tamaño – eso si no me lo imaginaba, no me lo imaginaba, no me lo imaginaba”, repetía como un disco rayado mientras caminaba en dirección a ella con el estilete en la mano y los ojos extraviados...

Catalepsia

Catalepsia

Cuando despertó estaba solo, el ambiente era muy oscuro, sofocante, húmedo.

Se le dificultaba respirar y lo que inició una corriente fría en su espalda fue el silencio. Un silencio impresionante, profundo, pesado, increíble.
Comenzó a entender lo sucedido, tratando de negar sus propios pensamientos.
Antes de que el terror lo agobiara intentó estirar la mano buscando la lámpara salvadora y sus nudillos chocaron contra una pared de madera que sonó secamente a hueco...

sábado, 21 de julio de 2007

Apremio físico


Con las manos aferradas fuertemente a los barrotes laterales endurece las facciones, cierra los ojos y muerde su labio inferior hasta sacarle sangre. A su alrededor todos le hablan al mismo tiempo, le gritan, le increpan, no entiende. Alguien pincha su brazo y comienza a pasar un liquido transparente en sus venas sin decirle que es ni para que, mientras otro oprime sus genitales exigiendole más, mucho más. Le dice secamente que no se resista, que colabore para acabar de una buena vez con todo esto, que es para su bien, que le conviene. Un tercero le clava algo en la espalda, lo que entra le arde, mientras el dolor sostenido del abdomen se hace más y más fuerte obligándola a gritar buscando alivio, agotada, mientras corren gotas de sudor por su frente y el cuerpo bañado en transpiración resiste estoicamente.

Los que la rodean no se inmutan, le piden más, más, más, le exigen que colabore, dicen que es por su bien, que no se oponga. Aunque no logra entender claramente las órdenes mantiene la boca cerrada mientras las piernas comienzan a quedarle insensibles. Pese al miedo sigue resistiendo el dolor que se agudiza y aunque se quiere mover no la dejan, la mantienen en posicion, la obligan a continuar. Siente que necesita evacuar urgentemente y les dice, les grita, ellos parecen sordos y por el contrario le exigen más.

Fisicamente exhausta apenas duele cuando le cortan sus genitales y siente como la sangre caliente le corre por las nalgas, alli sí casi pierde la noción de todo pero en forma refleja esfuerza más y la cara le queda roja, los dientes desperadamente apretados, firme pese a todos los apremios porque sabe bien lo que esta haciendo, tiene muy claros sus principios, sabe muy bien por qué está allí.

El máximo de esfuerzo lo acompaña de un sonido gutural que comienza de lo mas profundo de sus entrañas y se hace cada vez mas fuerte, más penetrante, mas desesperado, más visceral culminando con un grito explosivo, desgarrador.

De pronto, todo cambia.

Cesa el dolor.

Cesa el esfuerzo.

Nada duele.

Un llanto agudo, interrumpido, intermitente, conquista el ambiente, endulza los oídos y ese esperado cuerpecito mojado y calentito se retuerce en su pecho.

Todos los que la están rodeando ríen.

Ha nacido su hijo, lo demás no cuenta.

lunes, 2 de julio de 2007

Intento fallido


Pensó - o más bien se sintió - completamente muerto.

Lo había logrado entonces.

Una sonrisa comenzó a insinuarse en sus facciones ágrias y abrió los ojos para ver lo nuevo. La emoción exagerada lo despertó aturdido.

Volvió a ver el techo de la pieza húmeda desde su cama vencida cual barco semihundido.
En lontananza escoraban unos pies flacos de calcetines sucios.

A babor, por la punta de la media rota cual escotilla de proa, asomaba curioso un dedo gordo de larga y sucia uña.

Iba al garete la onírica nao carente de timones.
El gato dormía plácidamente en su costado, indiferente, ronroneántemente fuera de combate.
Su sonrisa se borró, volvió lo agrio.
No entendía.

Revisó el frasco vacío. En el fondo leyó: "Fecha de vencimiento Enero 1994"... la puteada resonó sonora en al ambiente frío.
Pensó: "Veremos mañana que se cuadra."

Antes de dormir releyó brevemente el comienzo de la nota que había escrito luego de mucho pensar:

"Montevideo, día 9 de diciembre de 1999. Sr. Juez: es porque no quiero terminar el siglo en este estado que tomo esta decisión, de la que a nadie deben culpar. Dejo mi..."

Interrumpió la lectura, arrugó el papel, lo dejo caer, mirando como rebotaba en el piso.

Se acomodó a la izquierda, en posición fetal y repitió mentalmente:

"Veremos mañana que se cuadra."

viernes, 29 de junio de 2007

Aporte científico


Siempre, toda su vida había deseado ser una luminaria científica, conocer nuevos caminos para la investigación, hacer descubrimientos en los campos técnicos, inventar genialidades, participar en el aumento del conocimiento de la humanidad.

Claro, su vida no fue fácil, tenia ocho hermanos, él era uno de los del medio, no sobraba demasiado en la familia, los padres hacían lo posible pero siempre faltaba algo, carencias de una familia que se comportaba como lo que era, una familia pobre.
Pero él nunca cejó en su empeño por avanzar, de ser parte de la ciencia, de lograr llegar al conocimiento. Desde muy pequeño trabajó en cualquier cosa para conseguir algún peso para ayudar a su familia. Comenzó la escuela porque la ley así lo estipulaba, pero no llegó a terminarla. De todas formas quería participar en el avance de los hombres y siguió estudiando, pero nunca pudo llegar a secundaria.
Esto no lo amilanó, por el contrario, concurría a las bibliotecas, consultaba los libros, profundizaba los temas que mas le importaban. Fue cuando la crisis en la construcción que lo dejaron cesante, ya no se precisaba tanta mano de obra. Nunca pudo conseguir trabajos de oficina porque carecía de los estudios necesarios.
Sus visitas a las bibliotecas se iban espaciando, no tenia tiempo para dejar de trabajar y su apariencia física reflejaba su precaria situación económica. Mas de una vez los porteros le impidieron el acceso.
Su familia se fue disgregando, murieron sus padres, cada hermano tomo caminos diferentes y él quedo solo, siempre con la idea fija pese a todo de conseguir colaborar con el aumento de la capacidad de conocimiento del hombre.
Al final de su breve vida se había convertido en un ser de la calle, una especie de fantasma harapiento que buscaba comida en los tachos de basura, uno mas de los miles de abandonados por la sociedad insensible.
Con las propinas que recibía y las limosnas que algunas almas caritativas le brindaban sobrevivía malamente y el vino le ayudaba con el frío del invierno y con el triste recuerdo de su niñez pobre, su adolescencia carente, su juventud triste y su adultez solitaria.
En una de sus intoxicaciones alcohólicas, cuando la cirrosis que avanzaba limitaba brutalmente su aun joven vida, no despertó a tiempo del frío de la madrugada de invierno que lo encontró tirado en un basural cubierto de cajas de cartones.
Murió por hipotermia e intoxicación alcohólica severa, decía el parte del forense.
Él nunca lo supo, pero su mas grande deseo se cumplió finalmente.
Nadie reclamo el cuerpo.
En el marco de un convenio con la Universidad de la República, los despojos fueron donados a la Cátedra de Anatomía de la Facultad de Medicina.
El cuerpo acartonado quedo flotando en la pileta de formol de la casa de estudios a la espera de ser disecado por nuevas generaciones de estudiantes de medicina que luchaban por acrecentar sus conocimientos..
Su sueño se había cumplido, él era parte de ese avance.

domingo, 24 de junio de 2007

El cambio

No hubiese sido tan impactante verla atravesar la pared como la cosa más normal del mundo y mucho menos observarla flotando a dos metros de la ventana del séptimo piso mientras conversaban, no, en realidad lo realmente extraño - que no inquietante - fue sentir esa sensación de levedad que lo impulsó a seguirla, y poder hacerlo.

Y alli estaba, flotando junto a Cristina a más de veinte metros de la calle, lejos de la ventana que daba a la oficina. Ni siquiera se dio cuenta cuando atravesó la pared. Miraba todo desde afuera, por su propia ventana. Los compañeros seguían su rutina en ese horario pico de trabajo, derramando stress y transpirando. En su despacho, alguien estaba sentado en su sillón y parecía dormir apoyado sobre el escritorio. Le pareció conocido y con la misma naturalidad en que llegó hasta ese sitio, flotó acercándose para ver al extraño con más claridad. Era él. Desconcertado, se dio vuelta hacia Cristina para comentar su hallazgo y la vio sonriente, con la mano extendida, lo miraba con ternura, irradiaba paz y la comenzaba a rodear una luz intensa y celestial.

Recién alli recordó que ella, su único e inmenso amor, había muerto hacía años. Entoncen entendió todo, se confirmaba lo que siempre había intuido: los finales, en realidad, son comienzos. En ese momento todo dejó de preocuparle, simplemente tomó esa mano querida con firmeza y se alejaron conversando, todo era natural y simple. Tenían mucho que recordar y un tiempo eterno para hacerlo.

domingo, 25 de marzo de 2007

La espera




Lentamente fueron llegando a la capilla. El tiempo gris, lluvioso, acompañaba los acontecimientos – como siempre pasa – hacíendo todo mas difícil. Tantos días de frío y humedad congelaban los mármoles del cementerio. Juan los estaba esperando pacientemente desde hacía varias horas, con su mejor traje, camisa de estreno, corbata al tono, impecables zapatos clásicos perfectamente lustrados y cuidadosamente peinado para la ocasión. Cuando llegaron no tuvo reclamos para nadie, no se molestó por la espera, le sobraba paciencia. Él estaba en el cajón.

sábado, 24 de marzo de 2007

La luz


Al abrir la puerta de la residencia lo impactó el frío y la humedad del aire dentro de la casa, siendo que en la calle se sufrían casi treinta grados de la noche de verano. Su respiración se condensaba, parecía estar fumando. Dio dos pasos hacia adentro y allí vio esa luz azulada muy intensa flotando en el medio de la sala, iluminando el ambiente con una tonalidad celeste iridiscente emitiendo pulsaciones rosadas mientras se le aproximaba lentamente. Retrocedió, pero la puerta se cerró detrás suyo con un ruido sordo. Apoyando la espalda contra la pared y sin dejar de mirar fijamente la intensa aparición buscó desesperadamente el interruptor de la luz siguiendo el marco de la puerta con su mano. Lo encontró cuando esa forma lumínica pulsátil casi llegaba a su cara, trasmitiéndole una onda de calor que lo mareaba. Cuando perdía la conciencia logro accionar la llave. La luz no se encendió.

La mano


Esa noche la humedad se pegaba a la piel. Caminar por el inmenso estacionamiento era como deslizarse por una superficie gelatinosa, lo que sumado al frío otoñal y la soledad de la madrugada obligaba a apurar el paso, tensando los nervios el propio eco de sus pisadas. El auto parecía estar mucho mas lejos que de costumbre y al llegar a su lado le temblaban las manos. Con dificultad puso la llave en la puerta, la abrió y al sentarse colocó rápidamente los seguros. Entonces comenzó a serenarse. En parte se había puesto mas nerviosa porque su amigo - al que le encantaban las bromas de mal gusto – se pasó la tarde comentando asuntos de asesinatos y aparecidos en el barrio, con una clara intención de asustarla. Y casi lo había logrado. Encendió el motor y cuando comenzaba a salir del estacionamiento sintió una mano firme y de dedos huesudos que le agarraba el hombro derecho. Si no hubiese sido porque estaba sobre aviso se hubiese orinado del susto, pero estaba prevenida, por eso con aire de suficiencia dijo en voz alta: “Sabía que algo me estabas preparando, pero hablaste demasiado y me di cuenta, ¡mira que sos boludo che!”. La mano dejo de apretar el hombro. Ella buscó la cara de su amigo en el espejo retrovisor y no vio nada. Riendo dijo: “No te escondas desgraciado que se que sos vos...” y dándose vuelta miró al asiento de atrás. Estaba vacío. En el auto estaba ella sola. Quedo tan confundida que frenó el vehículo para poder pensar. Antes de salir de su asombro volvió a sentir la mano apretandole el hombro y automáticamente viro rápidamente la cabeza para mirar. No veía nada, pero, en su hombro, sentía una mano.

La llamada

Desde antes de entrar al apartamento sintió que el teléfono estaba sonando. Apuró la maniobra de abrir la puerta y corrió hacia el escritorio sin cerrarla, dejando al pasar el portafolio en el sofá de la sala. Al levantar el tubo la conocida voz de su madre lo acarició. Él le dijo por qué había demorado en atender, ella le contesto que no importaba, le pregunto como había pasado el día, como estaban sus cosas, su familia, sus negocios, su salud. Él le dijo que todo estaba bien, que había llegado cansado de la oficina, que había sido un día agotador, pero ya estaba acostumbrado a esas rutinas, que no se preocupara. Ella le contesto que quedaba tranquila sabiendo que estaba bien y que sus negocios iban “viento en popa”, le repitió que lo quería mucho y mando todo su cariño para la nuera y los nietitos como era su costumbre. Rutinariamente él le contesto que también la quería y la extrañaba, que se cuidara, le mando besos de todos por allí, también para el viejo y le pidió que se cuidara mucho. Cortaron la conversación. Cerro la puerta, tomo el portafolios y cuando sacándose el saco comenzaba a caminar para el baño volvió a sonar el teléfono. Ahora fue la inconfundible voz de su padre que se sentía cansada. Le dijo: “Nene, esta es la llamada que nunca hubiera querido hacer, tenés que ser fuerte, mamá se nos fue hoy de mañana, su corazón enfermo no aguantó más. Te llame varias veces antes pero me daba ocupado, si sirve de consuelo te digo que hasta el ultimo momento se acordó de ti como siempre... ¿Nene? ¿Nene? ¿Estás bien?. Él no lo sentía, el tubo del teléfono se le había caído de las manos.

Fraccionamiento "Nuevo Milenio"



Como todos los días, la maestra volvía a su casa luego de una jornada de desgastante trabajo con los pequeñitos, asi, rutinariamente, pasó frente al zoológico de la ciudad y pudo leer un cartel colocado a la entrada: "Fraccionamiento Nuevo Milenio". Recién lo habrían colocado - pensó - porque a la mañana no estaba, podía asegurarlo porque era su paseo predilecto, en especial cuando llevaba a los más chiquitos a ver los bichos, ¡esas caritas de curiosidad!, daba gusto verlas. Quedo razonando: ¿Fraccionamiento?, ¿por que motivo lotearían el zoológico municipál?. Aminoró la marcha y miro hacia adentro. No vio ninguna jaula, no había ningún animal. ¿Como pudieron sacar tan rápido todas las instalaciones? Muy extrañada siguió camino a su casa. Al llegar, un cartel anunciaba en el jardín: "Se vende - Oportunidad única". Evidentemente alguien le estaba jugando una broma. Estacionó y se bajó apurada, sin cerrar la puerta del auto corrió nerviosa hacia el porche pero no pudo entrar, la llave no servia. Dio la vuelta por el fondo y la puerta de servicio, que siempre dejaba abierta, ahora estaba trancada. En puntas de pie miró por los ventanales... ¡la casa estaba vacía!. ¿Pero como podía ser?. "Esta es mi casa"
- se dijo - y automáticamente recordó la imagen de su esposo de pijama despidiéndola con su brazo en alto y sosteniendo la taza de café con la otra mano. Lo recordaba perfectamente. Y los muebles... ¿donde están los muebles?. La cosa estaba pasando a mayores. A lo mejor un robo, nada raro en estos días, pero su marido, ¿dónde podía estar?. ¡Por Dios, quizás lo habían raptado!. Ya francamente asustada decidió ir a la policía. Subió al auto, pero la llave de encendido no funcionó. Intentó forzarla y la sirena de alarma comenzó a sonar. Quiso inútilmente apagarla apretando el botón verde del control remoto, pero tampoco respondió. La sirena seguia sonando estruendosamente. Recién alli reparó que sobre el auto había una lata amarilla y un cartel rezaba: "Se vende barato - medio uso". Ahora si estaba claro que era una broma de mal gusto. No entendía como podían haber cambiado la cerradura tan rápido y como fue que no los había visto. ¿Cual de los vecinos sería el bromista?. Cruzó apurada la calle para preguntarle a la señora Ortiz, vecina de tantos años, quizás ella sabia algo. Tocó timbre. La atendió un señor de casi dos metros de altura, moreno, que nunca había visto en el barrio, quien dijo que no la conocía a ella y tampoco a la tal señora Ortiz. Dijo vivir desde hace mucho en esta casa y que la de enfrente – SU casa - hacía meses que estaba en venta. ¿En venta? Pero si hoy ella había... no terminó su pensamiento porque el hombre le preguntó: ¿Usted no conoce el dueño de ese auto?, ¡esa alarma me esta dejando sordo!. Caminó desesperada hacia la farmacia de la esquina, donde seguramente Rubencito, el despachante, le aclararía la situación. Pero no encontró ninguna farmacia, en su lugar estaba una panadería de la que salía un delicioso olor a pan recién horneado y en el mostrador un señor gordo, desconocido, atendía la clientela.. Corrió nuevamente hacia su casa.(¿Su casa?). Recordó que en el fondo estaba el fiel Nerón en su casilla. Precisaba desesperadamente algo que le diera un asidero, una luz en tanta oscuridad. Pero encontró una casilla vacía y abandonada, donde en el dindel se leía "Lupita". Le comenzó un fuerte dolor de cabeza. Sentía que le ardía la cara y la barba le picaba... ¿¡la barba!?. Se miró incrédula en una ventana y si, tenía un larga barba canosa y era un bajo y regordete...¡hombre!. Los que lo (¿la?) llevaban, vestidos de blanco, le repetían que todo saldría bien (¿bien?) que dejara de defenderse y no tirase mas puñetazos y patadas. Miró sus caras, eran desconocidos. Lo (¿la?) llevaron a un hospital especial, según le dijeron. Al llegar vio que era la escuela, SU escuela, donde iba todos los días desde hacía años (¿SU escuela?). Comenzó a tiritar, no podía contener los temblores, balbuceaba incoherencias, se sintió mareada (¿mareado?). Un médico le aplicó una inyección para calmarlo (¿calmarla?) y al verle la cara reconoció a su esposo. ¡Pero su esposo no es médico!. (¿Medico?, ¿esposo? ¿perro? ¿señora Ortiz? ¿él? ¿ella?). Una mueca extraña se apoderó de su cara y la risita nerviosa que acababa de comenzarle junto con el tic del ojo derecho le resultaban incontrolables. ¡Como le picaba la barba!. Cuando desesperado (¿a?) iba a comenzar a gritar la droga hizo efecto. Se durmió.(¿Se durmió?)

Montevideo julio del 2000. (¿Julio 2000?). (¿Montevideo?).

Sexto Reich


La combinación del cromosoma XV en su loc 445 levemente amorfa y el cromosoma XXI con leve dispersión de los locs 330 y 627 en un embarazo incipiente con cromosomas sexuales XX totalmente normales generaba una situación inviable. De crecer la mórula generaría una niña con severos trastornos para su crecimiento, limitaciones en la motricidad fina y perdida de capacidad cognocitiva de mas de un 45%La dosis de Hiperprogestesina Poten, de activación inmediata fue inyectada en el torrente sanguíneo. La pequeña mórula bajo los efectos hormonales se desprendió de su nido endometrial y fue expulsada con una menstruación normal. La madre nunca se entero que estaba embarazada, todos los datos se efectuaron en forma automática bajo estricto secreto profesional en base a determinaciones efectuadas en una gota de sangre. Cuando informara de su deseo reproductiva nuevamente se seguiría el protocolo de control de calidad de la especie. Algunos bioingenieros luchaban por la elevación de la raza humana en todos los planos, evitando seres con incapacidades permanentes confirmadas y otros, como siempre y sin entender las lecciones de la historia, buscaban una purificación de lo que consideraban "su" especie superior. En forma ilegal y con desconocimiento de los que no militaban en sus movimientos enfermizos, generaban igual destrucción cuando las variantes eran en los cromosomas V, VIII y XIV con variedades completamente normales en los locs 456, 390 y 235 variedades Beta (tez negra), Epsilon (tez amarilla) y Gama (tez mestiza). Hacia tiempo se sabia que estas variables generaban el crecimiento de productos con esas características étnicas y los suprimía. (Estos mismos fanáticos buscaban afanosamente cual era el loc y el gen que definían el judaísmo, el islamismo, el budismo y otras creencias varias que no fueran la catolica, aunque las teorías descartaban una participación genetica de las definiciones religiosas. Pero como nunca se sabe...

3948 D.C. - Reinicio


Murmullos metálicos acompañaban las descargas de línea delta básica. El bioenergizador trabajaba a pleno.WX9C100A12 intercambió frecuencia de alerta y gozo con XQ134A003, lo que generó la inmediata intervención de AB90AY99. Este produjo una interferencia severa de ambos sistemas generando su desconexión temporal e intimidatoria, siendo advertidos de lo importante de la neuroconexión quántica en la que iban a participar, dos biomasas computrónicas de última generación electrogensomatica no podían perder impulsos en psicosentimientos pretéritos. AB900AY99 continuó impasible su trabajo con las microbioreguladoras positronicas, terminó de efectuar la neuroconexión en el sector axónico del cuerpo calloso, generó impulsos motrices positivos, luego revaloró en los monitores las funciones hormonogeneradores, miosinápticas y de niveles de sensibilidad, por último reguló los ambientes psíquicos profundos, fase conciente, subconsciente y superconciente, y toda la batería reflexogénica. Por enésima vez efectuó un chequeo general a todos los sistemas con la Matrix generacional XX009AAW, su creación, su orgullo, su razón energética. La mayor de las conciencias nanobiomedicas demoró microsegundos y concluyo generando una luz verdosa intermitente, de resplandores morados. Solo entonces, AB90AY99 emitió su propia frecuencia de placer al entorno. Todas las biomasas computronicas actuantes sintonizaron la misma frecuencia. Era un éxito total. En el centro del bioenergizador un extraño ser proteico, lipídico y poliglucósido-hidrocarbonado producto de enorme tiempo cuántico de decodificación y sintáxis comenzaba a moverse y a generar unos ruidos de tono y frecuencias extrañas. Su hemiestructura superior se llenaba de la atmósfera especialmente preparada con oxígeno y nitrogeno a razon de 20 veces minuto con presión atmosférica normal; los líquidos hematocuánticos se desplazaban según lo previsto por los filamentos de sustancia amórfica y la bomba cardiobiogénica latía 90 veces por minuto. De improviso abrió los censores lumínicos en la parte frontal superior de su receptáculo encefálico donde su matriz maestra re reiniciaba, estudiando todo con curiosidad. Un leve cambio en el nivel normal de atención de los participantes demostró su interés profundo y una cierta reacción de alarma, seguramente arcaica, porque desde la gran guerra y destrucción de esa especie habían pasado miles y miles de unidades años. Era raro en AB90AY99 pero no podía dejar de generar frecuencias de gozo, momentáneamente descontrolado. Fue entonces que comenzó a emitir frecuencias comunicacionales masivas y todas las biomasas computrónicas entendieron la importancia del momento.La decodificación indicaba: “Como ellos hicieron con nosotros hace mil doscientos unidades años antes de desaparecer en la gran confrontación, hemos creado nuevamente un ser humano masculino. Pronto crearemos la hembra de su especie. Ambos tendrán todos los conocimientos de los ancestros hasta nuestra era. El futuro dirá si esta recreación de especies extintas fue una buena o mala idea. ¡Que el Gran AAA111 nos proteja!”. ¡Había mencionado al Gran AAA111! Todas las biomasas bajaron sus frecuencias a línea de base en señal de respeto, emitiendo codificación sacra que las hizo vibrar sincrónicamente: Aaammeeeennnn...

Embarazo a término


Había sido un embarazo totalmente normal, hermoso, sin ninguna complicación, rodeada del apoyo y cariño de su familia, tal como ella lo soñaba, tal como lo había deseado toda la vida. Estaba en los seis meses y se tocaba su pancita frente al espejo con orgullo, su chiquitito se movía. Esa mañana lo único raro fue la pequeña mancha amarronada en su piel, junto al ombligo. El médico le dijo que era una mezcla de reacción alérgica simple y un típico fenómeno de aumento de hormonas en el embarazo, algo sin importancia, de nombre técnico “cloasma gravídico” y que era mas común verlo en la cara, pero en ocasiones se daba en otras partes, que no se preocupara. Y la tranquilizó. Al séptimo mes la mancha ocupaba a mas de la mitad de su abdomen y en sectores era verdosa. Además notó unos movimientos muy superficiales por debajo de la piel cada vez mas molestos y fuertes. Podía tocar algo alargado en su barriga con movimientos como de reptación, pero como no tenia experiencia, seguro era el bebé que estaba mas grande y la golpeaba con mas fuerza. Volvió a preocuparse pensando si vendría con malformaciones, con problemas... pero no quiso consultar otra vez por una mezcla de miedo ante la posible respuesta y vergüenza de mostrar el estado de su barriga. Quedó horrorizada el día que sintió un dolor agudo en lo mas bajo de su vientre al inicio del 8º mes y vio una especie de antena rojo-parduzca que salía de su vulva y le tactaba cuidadosamente los muslos, la parte interna de las piernas, recoriendo centímetro a centímetro su abdomen. Paralizada observaba su entrepierna y recién allí recordó aquella pesadilla que tuvo al inicio del embarazo, aquella en que una luz muy fuerte la encandilaba, en la que le parecía estar en un ambiente frío, sobre una mesa metálica.

El viaje


Le pidió encarecídamente al conductor que apurara la máquina porque tenía especial necesidad de llegar temprano a ese compromiso, era algo realmente importante y esto hacía que fuese así de atrevido, ya que normalmente - hacía años que viajaba en esos transportes - jamás se inmiscuía en el trabajo profesional de los conductores. Pero ese día era importante. Ya antes, la ansiedad lo había hecho llegar una hora antes a la terminal de ómnibus - apenas daban las 23 hs. y la salida del suyo era para las 24 hs. - y tuvo más que tiempo para ver al viejo funcionario municipal cuando pasaba por el charco que la lluvia de la tarde anterior había dejado, donde flotaban tres envases vacíos de refrescos de color anaranjado y dos relucientes envoltorios de alguna golosina. El hombre limpiaba parsimoniosamente los pequeños desastres de los apurados pasajeros cuando se le cayó el gran escobillón y el ruido del mango de metal resonó en el andén, haciendo volar a un grupo de palomas que dormitaban entre las vigas del techo. En especial le llamo la atención una de las palomas, blanca, hermosa, que se dejó caer de lo mas alto, hizo un giro de 360 grados planeando con sobrada elegancia y volvió al punto de inicio comprobada la inexistencia de peligro. Al poco rato todo estaba limpio y el funcionario desapareció por una de las puertas interiores en busca de mas motivaciones dentro de ese tedio de ocho horas de trabajo nocturno rutinario. Hacia el final de los carriles para los ómnibus, una señora gordita sesentona juntaba dos bolsos amarillentos del piso acercándolos a la zona de embarque, mientras que una niña jugaba cerca de ella, probablemente una nieta a estar por las edades y en una de sus corridas hizo tropezar a la mujer que casi cae de bruces en el suelo. Esto le valió un rezongo importante y el llanto de la pequeña no se hizo esperar. La voz metálica de los altoparlantes anunció por fin que en quince minutos saldría del anden numero 20 su servicio interdepartamental. Ya lo había visto entrar a la terminal y estacionarse pocos minutos antes. Justo el chofer era uno de sus más conocidos y sabía que no tendría problemas para apretar el acelerador en forma normal - era un excelente conductor - y si él le pedía esa gauchadita... seguro que no le podía fallar. Por eso fue que le explicó los motivos, le pidió disculpas por el atrevimiento y le pidió que - en lo posible y sin dejar de lado la seguridad de todos - se apurara lo mas posible.El viejo amigo no tuvo ningún problema en hacerle ese favor. Luego de cargar el pasaje, abandonar la estación, salir del centro de la ciudad y lograr escapar del enloquecedor tránsito de las avenidas, por fin comenzó a rodar por las vías rurales donde a esa hora no hay mas tránsito que los inmensos autobuses interdepartamentales corriendo en busca de sus destinos. Así que aceleró mas que lo normal. Y cuando se había alejado mas de doscientos kilómetros de la terminal el tiempo era tan perfecto y el transito tan escaso, que le dio mas ganas aun de apurar y siguió acelerando y acelerando para lograr llegar lo mas en hora posible y asegurar los negocios de su amigo. Por algún momento luego de tantos años de carretera, parecía que todo estaba en piloto automático. El conductor no se duerme pero presenta una especie de letargo sin dejar de estar cien por ciento atento a los acontecimientos de la carretera. Así le pasó en este viaje en medio de la mayor aceleración que le daba a la máquina. Levantó velocidades que nunca había logrado, por momentos las cosas parecían pasar a los costados como en una película de ficción, desfigurándose las imágenes y dando una sensación como de tubo visual con las luces encendidas del inmenso transporte. Llegaron bien temprano, aun era de noche. Por supuesto el primero en bajar fue el nervioso pasajero que había logrado dormir muy poco en el trayecto por los nervios que traía y al bajarse le llamó la atención que aquí también el suelo estaba lleno de charcos, y en uno en especial veía tres envases vacíos de color anaranjado y dos envoltorios brillosos de golosinas. En eso vio llegar al empleado municipal caminando pausadamente y observó como se le caía el escobillón generando un ruido metálico que resonó en la terminal haciendo volar a las palomas. Desde el techo una de color blanco, hermosa, se dejó caer y dio un giro de 360 grados para volver a su mismo lugar de partida. A lo lejos vio la señora con los dos bolsos y la niña pequeña corriendo a su alrededor, automáticamente pensó "ahora la hace caér", y la señora rodó por el piso... y no tuvo que pensar más. El conductor se le acercó sonriendo y le dijo muy confiado que no podía tener ningún problema, habían llegado bien temprano. Él lo miró enojado y le dijo: "Pero nos podías haber matado a todos, se te fue la mano hermano, se te fue la mano, ahora voy a tener que hacer todo de nuevo, te das cuenta, todo de nuevo!". El otro lo miraba incrédulo, acertando a preguntarle: ¿Pero por que estas enojado, si llegamos super temprano?. ¿Super temprano?... ¡recontra super temprano llegamos, no te das cuenta!¡Se te fue la mano che, llegamos ayer!.

Transformer (Colapsos mórficos)


Se había acostado tarde y seguía mirando el techo, satisfecho porque la pintada le había quedado bien, parecía un trabajo de profesionales y había ahorrado unos pesos que no le venían mal. A su lado, y para su envidia, Elena dormía placidamente. Él, pese al cansancio, no tenia sueño y los minutos pasaban sin que lograra dormir. Odiaba estar desvelado, asi que con cuidado se levantó de la cama, se puso el sobretodo arriba del pijama - no hacia demasiado frío afuera – y calzó los mocasines sin ponerse medias. Aburrido, decidió ir al video nuevo, a pocas cuadras, que abria toda la noche, a sacar alguna película para distraerse. La señora no se despertó. Bajó despacito la escalera hacia la puerta de calle. Raramente le daba importancia a lo que lo rodeaba, pero al salir cayó en cuenta de que eran mas de las dos de la madrugada y el barrio estaba desierto, solo algún gato comenzaba su rutina nocturna. El viento empujada latas vacías y se podían sentir clarito las ramas de los árboles. Realmente no hacia frío pese a que estaban en pleno invierno. El pronóstico del tiempo en el informativo radial había dado 18 grados poco antes que decidiera levantarse. Y en esa época del año era mucho decir. Claro que venia acompañado de baja presión y aumento muy marcado de la humedad, situada en 95%, según decían los del informativo, lo que era igual a tormenta cercana. Siguió caminando confiado, pero agobiado. Las piernas le pesaban, notó cierto cambio en su respiración y le pareció oír unas pisadas que acompañaban las suyas. Esto lo intranquilizó. Se detuvo bruscamente y miró hacia atrás tratando de descubrir algo sospechoso. Nada nuevo, una simple vereda invernal, los árboles sin hojas, las casas con sus caras grises, los escasos focos de luz iluminando mediocremente las baldosas. Estaba solo. Decidió bajar el cordón y seguir caminando por la calle, de todas formas no había transito a esa hora. Recuperó en parte la confianza y siguió decidido hacia el "Open 24 horas", boliche con nombre agringado que había estrenado un uruguayo venido de Canadá. En aquel país le había funcionado, aquí estaba probando y seguramente funcionara, porque para los vecinos era cómodo. Nuevamente unas pisadas resonaron en su cabeza. Paró en seco. Los sonidos cesaron. Golpeó con su pie en la calle y sintió un golpe similar, más lejano y más seco. Lo que sospechaba parecía confirmarse. Volvió a golpear. Luego batió las palmas y terminó de confirmarlo: era un eco, un eco que solo lograba sentir por el silencio reinante, por la soledad, porque de día quedaba oculto por el bullicio de la ciudad despierta. Definitivamente recupero la tranquilidad y siguió con paso apurado - pero ya no asustado – disfrutando la companía de su propio eco. Una ráfaga de aire caliente le movió el cuello de la camisa. No entendía realmente aire tan caliente y seco – porque estaba bien seco – una noche de invierno... pero el tiempo estaba tan loco que podía pasar cualquier cosa. "Muy seco para una noche de invierno - pensó - es cálida pero ni cerca de veraniega y menos con tanta humedad, ¿no decían que había 95%?." Un resplandor iluminó por un momento la calle. Fue apenas perceptible, pero no se le pasó por alto. Sus piernas le parecían mas pesadas, le costaba movilizarlas. Comenzó a sudar, pero no a preocuparse. Su nariz le picaba. Al rascarse le llamó la atención lo duro de su cara y no acababa de comprender por que razón parecía alargada y móvil. Más no tuvo tiempo de discernir eso porque el resplandor volvió a aparecer, duró varios segundos y se acompaño por un viento seco y fuerte, que le hizo perder momentáneamente el equilibrio. En sus pensamientos concluyó que comenzaría a llover en poco tiempo, así que apuró el paso para llegar al video y volver a casa. Con una película era distinto, le funcionaba como un somnífero, muchas veces se quedaba dormido antes de que terminara y mientras él roncaba, la señora tenía que despertarse y apagar el equipo. No pocas broncas tuvo con ella por eso. Faltaba poco más de media cuadra cuando notó que la calle perdía el acostumbrado tono negro-grisáceo y lucia ahora un azul brillante y levemente incandescente. En realidad no se sorprendió demasiado, solo tuvo una sensación extraña. Volvió a golpear con el pie y el sonido no fue el mismo, por el contrario, no sintió el eco y levantó una pequeña nube de polvo fino que irradió una luz rojiza. Al mirar su pie, no vio su zapato de cuero, ni su pie. La extremidad que pegaba en el suelo era semicircular, gruesa y amarronada, con tres nodulaciones cónicas al frente. Le pareció recordar que se había visto un pie fino recubierto de una especie de cuero oscuro. Quiso tocarse pero no pudo arquear el lomo, porque la cola ondulada impedía su balance, por esto con su trompa sesíl recorrió sus apéndices anteriores, no notando ninguna zona dismófrica. Por un momento le pareció ver un área de oscuridad y una corriente de aire frío y húmedo recorrió su dorso. Miró hacia atrás y solo vio el largo y conocido desierto nitroso, seco y semi-incandescente. Le quedaba poco para llegar a su octógono gregario. Apuró su reptación, se sentía cansado. Por un instante otro pequeño lapso de oscuridad y aire húmedo pareció recorrerle su aleta dorsal, pero atribuyó esto a la proximidad de su próximo colapso mórfico. Aunque estaba intranquilo – lo que le sucedía siempre que tenia colapsos atípicos – reptó rápidamente hacia el cubíl. Se repitió que nunca más comería gronóporos crudos y mucho menos antes del colapso mórfico, bien le había dicho el Gregor Mayor que eso le traería problemas a la larga o a la corta. No habían pasado mas de tres istrones y ya entendía que el Gregor - como siempre - tenía razón. Entró a la cámara germinal del octógono con una extraña sensación en el cuerpo, sabía que había sido un sueño pero no lograba definir los límites de la realidad. Su entoriana procreadora le esperaba sobre los huevos con cara de pocos amigos."¿Cómo puede un entoriano de experiencia demorar tanto para conseguir unos mextrones térmicos al germinal comunitario?... ¡No se como te puedo aguantar!" Bien sabía él que ese tono suave de la queja era porque estaba incubando, porque si no fuera por el nido, con el caracter realmente terrible que tenia..." Intentó calmarla: "Vine tan pronto pude, aquí están, ya puedes colapsarte, yo modulare los mextrones y seguiré incubando, afuera esta particularmente seco y caliente el sulfuro, mañana tendremos tormenta de meteoritos, las tres lunas están rodeadas de un halo verdoso. Por cierto, me sigo sintiendo mal, la reptación no me sirvió de nada". "¡Cuantas veces te tengo que decir que no puedes comer gronóporos crudos, miserable proludón!, luego solo te la pasas quejándote. Eso te produce pésimos colapsos mórficos, ¡nunca aprendes, nunca aprendes! y luego yo tengo que soportar tus atipías... ¡un proludón, eso eres, un miserable proludón!", y ya sin darle mas importancia siguió masajeando su nidal con su trompa sésil germinativa. "Voy a aprender, lo puedes jurar, hoy la pase muy mal. Imagínate que cuando reptaba hacia aquí por momentos no sabia si era yo o si me había convertido en un ser con dos prolongaciones inferiores de terminaciones finas recubiertas de un material brilloso y tentáculos flexibles – como los de los wenoclastos del pantano nirval – en la parte superior del cuerpo terminando en pequeñísimos tentaculitos móviles. En el sueño mi polo entrópico era redondeado con aletas laterales y huecos móviles. Hasta me parecía estar en una zona sin resplandor cuántico... lo que son los colapsos atípicos, te juro que era tan real que me corrió una descarga de alerta por las aletas dorsales. Fue feo, pero ya pasó. Bueno, ahora descansa, amor, yo cuido el nidal". La entoriana lo miró por un momento y solo repitió con una voz gruesa y despreciativa antes de seguir en sus cosas: "¡Un proludón, un gran y reptante proludón, no eres otra cosa!"

Perfecta Excelsa Intemporalis


Cuando nació, producto de una gestación absolutamente normal y por medio de un parto sin ninguna clase de complicaciones, la partera quedo deslumbrada ante la belleza de la bebé. Llamó al ginecólogo de guardia para mostrarle algo tan hermoso y el profesional realmente, pese a su experiencia, quedo embelesado. Era la beba más linda que había visto. Creció y se desarrollo normalmente, en un ambiente lleno de paz y amor, sin faltarle nada de lo necesario para su crecimiento. Fue siempre el orgullo de sus padres y de su familia. El barrio entero la sentía como un tesoro propio. La contrataron para hacer publicidad de múltiples productos para niños y su sola presencia angelical quintuplicaba las ventas. Así, devino en una niña de apariencia traviesa y encantadora, que aumentó mas el atractivo inmediato que generaba en cuantos la rodeaban y en cuantos la veían. Era un ser adorado. Llego así a la adolescencia, y cuando las hormonas hicieron su trabajo, cual mariposa que surge de su crisálida si antes era hermosa, ahora era increíblemente divina. Cual una virgen terrenal. Su cabello no era ni lacio ni rizado, tenia la ondulación justa que generaba admiración en quien la mirara, su piel tersa y suave, sin ninguna perturbación propia de la edad le daban un cutis envidiable, los ojos de color indefinido y profundidad abismal hipnotizaban con solo mirarlos por décimas de segundo. Su boca pequeña estilizada y carmesí, su fresco aroma de juventud, su espigado talle, su cuerpo de mujer en flor generaba increíbles sensaciones a los hombres y miradas de envidia en las mujeres. Sus caderas perfectas y largas piernas sensuales la hacían realmente una belleza muy difícil de ver, posiblemente inigualable. Con el correr de los años, explotó en formas perfectas de mujer que la hacían deliciosa. No existen palabras que puedan reflejar en un simple escrito algo tan perfecto, tan excelso, un milagro de la naturaleza. Su fama traspasó fronteras y llego a oídos de los mayores jefes del gobierno de su nación. Se debatió profundamente sobre ese tesoro que había devenido nacional. Lo que más preocupaba a los dirigentes era el deterioro que traería el tiempo sobre algo tan bello. Nadie quería que los años generaran imperfecciones en su belleza increíble. Los dirigentes se unieron a los sabios, estos llamaron a los científicos y estos a los mejores médicos del reino para discutir como lograr mantener ese tesoro que consideraban propio e irrecuperable. Fue una ardua, larga y fundamentada discusión. Finalmente la decisión fue tomada por unanimidad. Toda la sabiduría que poseían descubrió la conducta que ganaría a la vejez y no le permitiría destrozar ese tesoro perecedero. Ellos tenían muy claro que no podían ser tan egoístas de quedarse satisfechos por haber podido disfrutar tanta perfección. ¿Y los por venir?. No era justo. Por eso la sacrificaron. Y la conservaron per sécula seculorum en nitrógeno liquido. Así lograron preservarla para las nuevas generaciones, asegurándose que también disfrutarían algo tan increíblemente perfecto, tan brutalmente excelso, ahora para siempre incorruptible, intemporal.

Extraña concepción


Artemito siempre había tenido problemas de intestino.
Desde chiquito. En ocasiones que estaba seco de vientre las deposiciones parecían de conejo, saliendo durísimas, redondas y de buen tamaño, costandole mucho depositarlas.
Otras estaba tan diarreico que no podía alejarse mas de unos metros del inodoro, porque corria serio riesgo de desgraciarse en el lugar que estuviera. En los tiempos en que esto le sucedía siempre llevaba algún pañal de adulto y una muda de ropa interior en el portafolio, pues tenía sobrada experiencia en situaciones límites de este tipo y ya había pasado demasiada vergüenza.
Desde muy pequeño había conocido medicos generales, medicos internistas, gastroenterologos, nutricionistas y de cuantas especialidades usted pida, pero su problema siempre se mantenia firme, no logrando regularizar sus deposiciones de ninguna manera.
Por supuesto - algo típicamente latino - ante la falla de la cura tradicional derivó a las posibles medicinas alternativas, pasando por la acupuntura, digitopuntura, auriculoterapia, reflexoterapia, cámara Kirlyan, reiky, entre otras, todo sin efecto.
Y esa noche fue muy especial - él ya se lo veía venir - porque había pasado el día entero con esa molesta y conocida sensación en el abdomen. Tenía sobrada experiencia en esos síntomas cuando unos retortijones impresionantes lo hacían arquearse de dolor, mientras generaba ruidos tan evidentes en su barriga, que siempre tenía miedo que los que estuvieran cerca en ese momento pensaran que él se estaba tirando flatos. ¡Y no era eso!, eran los ruidos que producía su panza.
Generalmente estos episodios venían luego de una semana de constipación y poco después de los truenos intestinales tenía clarísimo que le esperaba una tormenta de aquellas. Porque cuando venían las ganas no era cosa de pensarlo, tenía que ir si o si, o atenerse a las consecuencias. Y tal como lo suponía, a eso de las dos de la mañana lo despertó una sensación de pujo que apenas le permitió llegar a sentarse en el water.
Esta no fue una deposión cualquiera, de esas a las que estaba acostumbrado, esta más que tormenta fue una especie de huracán intestinal luego del que con un esfuerzo sobrehumano, algo abultado y sólido cayó al agua.
Atribuyó tan desacostumbrado malestar al asado - bastante grasoso - que con los amigos de la oficina habían comido la semana pasada en la casa de campo del "Pelusa" Perez, el Jefe de la Sección, buena gente, excelente asador y muy generoso con las porciones de sólidos y líquidos. Fue en medio de la comilona y el beberaje que Toto y el Cholo - ambos con bastante vino encima - se pasaron jodiendo con que habían visto un plato volador, ¡un plato volador... ese par de locos! y armaron tanto lío que la barra entera - todos con abundante vino encima - se puso a buscar los famosos OVNIS en el cielo. Nadie vio nada.
Por cierto el asado - al menos para él - estaba feo, con un sabor extraño, amargoso, como pasado de condimentos. Lo había comentado con los amigos pero nadie le hizo caso, para los demas estaba bien. Sería su paladar - estaba por engriparse - quien sabe, no le dio mayor importancia al asunto, pero comió poco.
Cuando se estaba secando - después del huracán mencionado - le pareció sentir un chapotéo dentro del water, y alcanzó a ver círculos concéntricos en el agua. Atribuyó este fenómeno a alguna burbuja de aire que hubiese retrocedido por la cañería. Volvió a vaciar la cisterna y se acostó.
Al rato, cuando estaba leyendo, preso en esa modorra que da el estar bien acomodado y calentito, sintió otro chapotéo. Y otro. Y otro. Ahora si, pese al frio, se levantó y prendió la luz intrigado. No había nada. Le pareció ver una pequeña mancha amarronada en el fondo de la taza, groseramente redonda, pero no eran raras esas apariciones en su inodoro. Estaba muy cansado para limpiarla y mañana sería otro día. Se volvió a acostar y apagó la luz.
Al despertar, lo que lo dejo preocupado fue una línea de agua que bajaba del water, salía del baño, recorría un caminito hasta los pies de su cama - notó mojado y arrugado el borde de las sabanas, como si se hubiesen refregado en ellas - y de alli el caminito mojado pasaba al comedor. Lo siguió atentamente y aunque ya estaba casi seco en el tramo final, pudo ver claramente que había pasado por la cocina y salido al patio por debajo de la puerta. El rastro por fin se perdía al secarse en los baldosones del fondo, ya en dirección al jardín.
Recordó la manchita persistente en el fondo del water y por algún motivo sospechó alguna relación con los fenómenos que estaba viviendo, por lo que fue a ver. Pero ya no estaba, en su lugar quedaba un pequeño circulo de puntos oscuros que, mirandolos de cerca, a su vez eran redonditos, como ventositas. Nuevamente en el patio, intentando entender lo sucedido, sintió ladrar los perros del vecino, y los pájaros de los árboles cercanos levantaron vuelo alarmados. Pasó todo el día pensando en esos asuntos.
Para colmo, la noche siguiente fue muy similar. Nuevamente tuvo unos retortijones impresionantes y si no se hubiese apurado, seguramente enchastraba el dormitorio. Después de defecar vació la cisterna cuatro veces para asegurarse, pues estaba muy desconfiado. Y al amanecer empalideció al ver otro caminito de agua con el mismo recorrido que el anterior. Esto lo desequilibró mentalmente.
La noche siguiente y muchas más intentó conciliar el sueño tomando te de tilo, pero no podía dormir. Luego de pasar días de insomnio, terminó llendo al Psiquiatra de la empresa, quien luego de escuchar su historia atribuyó las "fabulaciones" que sufría al exceso de trabajo y al stress, cerrando la consulta con una semana de descanso y medicamentos psiquiátricos fuertísimos. (Al salir, por el reflejo en los vidrios de la puerta, notó que el galeno lo miraba realmente como a un loco, moviendo la cabeza hacia los costados.)
Cada madrugada se le hacía interminable, siempre de ojos abiertos a la espera de nuevos acontecimientos, pero no se repitieron esas experencias. Con el tiempo la angustia cedió o funcionaron los medicamentos, el asunto es que logró superar los nervios y su vida se fue normalizando.
Varios meses después de estos extrañas acontecimientos, cuando ya casi había olvidado todo, sucedió lo más increible.
Una mañana salía apurado para el trabajo y se tropezó en la puerta con un par de paquetes prolijamente envueltos para regalo que alguien había dejado en el porche por la noche, junto a la entrada principal. El envoltorio estaba húmedo. Sobre las cajas habían dos tarjetas - tambien humedecidas - donde se leía escrito con perfecta caligrafía:
"¡Feliz día!"

Quedo totalmente desconcertado, no podía entender lo que estaba sucediendo. Artemito es un hombre solitario, solterón, sumamente lógico, con una rutina de vida estricta que raramente rompe y estas cosas lo desequilibran terriblemente. La falta total de lógica en lo que estaba viviendo lo dejó como un autómata con las tarjetas en la mano, sin atinar a hacer nada, quieto. Y complicándole más las cosas, en ese momento descubrió dos caminos de agua - mucho mas gruesos que aquellos que había visto al inicio de todo - que llegaban hasta la puerta y luego volvían hacia la calle.
Era todo tan raro que para no enloquecer decidió centrar sus pensamientos en los asuntos de mas fácil solución, para luego seguir profundizando en búsqueda de respuestas. Por ejemplo: ¿Feliz día de que?. No era su cumpleaños, vivía solo, no recordaba que fuera alguna fecha importante para la empresa... ¿que día sería?. Fue a mirar el almanaque. No tuvo que buscar más respuestas, porque alli si entendió todo y pese a lo extrañísimo, a lo bizarro, a lo ilógico, al mirar la fecha las fichas calzaron en su cabeza y Artemito no pudo reprimir el sentirse lleno de cariño, pleno de satisfacción, envuelto en un sentimiento de orgullo que él nunca había sentido:

¡Era el Día de las Madres!.

Pasión frente al mar de Andiria

Las dos lunas de Kröm con sus eternos halos de humedad aparecieron en el horizonte rodeadas de millones de estrellas. Desde la costa rocosa el mar de Andiria, cual espejo ámbar, reflejaba los últimos rayos violáceos de los tres soles de Kanahandar, mientras el aroma penetrante de las florecillas silvestres en las paredes del risco inundaba el ambiente. Ella, enamorada perdidamente y decidida a todo. El, dispuesto a poseerla. Todo el ambiente estaba preparado. Todo parecía estar pronto para un desenlace pasional que ellos deseaban, pero no se atrevían a confesar. Cuando las triples sombras se alargaron hasta desaparecer y la noche quedó cubriendo a los amantes, él juntó ramas secas y prendió un pequeño fuego que los iluminaba y les trasmitía su calor. Allí quedaron, solos, lomo contra lomo, mirando el infinito. Por unos minutos no intercambiaron palabras, luego él comenzó a pronunciar, con notas casi resplandecientes que le brotaban de sus profundas sérpias, el antiguo ritual de apareamiento en un tono que ella jamás había escuchado. Era diferente a los apareamientos estadísticos masivos. Este canto era solo para ella y él se lo brindaba, Los sentimientos la invadían y la excitaban. “Tu ya sabías que te deseo mas que a ningún otro, ¿verdad?”. La voz de la hembra era una confesión, un ruego, y a la vez una orden. La contestación no se hizo esperar: “Tenia miedo – el tono dejaba entrever mucho nerviosismo – miedo a que me rechazaras, pero ahora todas mis dudas se han ido, te deseo demasiado, mi amor” y al decir esto ambos se dieron cuenta que las palabras estarían de más desde ese instante. Mientras él recorría su cuello suavemente, ella comenzó a desprenderle los atávicos con mucha lentitud y sensualidad, mientras le acariciaba su vanaria vigorosamente, como sabía que le gustaba al otro sexo, su pareja no sería una excepción. Y no lo era. Logró excitarlo a un grado sumo y mientras ella lo estimulaba, él le quitó todo el vermix velloso, dejando al descubierto sus múltiples periáxos hermosos y turgentes que extasiado comenzó a lamer con pasional desespero. Ella le correspondió yendo a buscar su vanaria completamente desplegada, acariciándola acompasadamente y apretando sobre ella sus ventosas anteriores, generando quejidos de placer en el macho que seguía recorriendo todo su cuerpo con sus miembros prensiles, desde sus periaxos hasta su pértina completamente congestionada de deseo. No existían palabras, solo caricias y jadeos. Poco después ambos estaban en el clímax de la excitación y ella le dijo que estaba pronta, que por favor la tuviera en ese mismo momento, mientras el tentáculo mayor del macho hurgaba delicadamente sus zonas mas secretas en espera del momento preciso. Sabiéndose aceptado, reptó sobre el vientre amado y apoyó delicadamente su miembro en la erógena pértina que lo esperaba. Luego lo introdujo completamente y comenzó a copular con movimientos acompasados y firmes mientras seguía acariciándole los periáxos y le mordisqueaba el largo cuello.“¡Si, si mi amor! - alcanzó a decir ella -¡Llévame ahora, llévame ya mi amor, ya!” y se dejó arrastrar por los tentáculos posteriores del macho, quien la acercó a la cueva de procreación antes preparada, donde, con un placentero orgasmo, depositó miles de células germinales prontas para ser fecundadas. Ya satisfecha, siguió excitando la desplegada vanaria, hasta que los temblores de su amado se generalizaron y supo que él también llegaba al clímax. Las eyaculaciones repetidas y generosas cubrieron de esperma la cueva, fecundando todo los óvulos depositados. Cansados y complacidos, se dejaron caer sobre las rocas jurándose amor eterno. El pequeño macho trepó nuevamente al inmenso lomo de su amada, entrelazaron los apéndices sensitivos y descansaron, su rito de apareamiento había sido algo inolvidable. En unas pocas semanas, los pequeños Kromianos podrían surgir de su nidal de rocas y dirigirse apresurados a las protectoras aguas del mar de Andiria, la Madre Primigenia, donde terminarían su desarrollo. El clima, el paisaje, el entorno, habían ayudado para que los mas soñados deseos de la pareja se hiciesen realidad. Las dos lunas de Kröm estaban ahora en el medio de la inmensa bóveda negra plena de estrellas. Comenzaba un nuevo quantum para ellos. Nada sería igual.

Erupción solar


Ese día tenia algo especial. Lo había sospechado desde la mañana, cuando al despertarse disfrutó durante mas de quince minutos el hermoso cielo azul turquesa donde pese a la luz naciente aun podía ver estrellas titilando, demorando en darse cuenta que misteriosamente había desaparecido el techo de su dormitorio y los quince pisos que tenia normalmente por arriba en el edificio de departamentos. No tuvo tiempo para demasiado asombro ya que al calzar sus chinelas notó que el piso comenzaba a trasparentarse. Algún reflejo arcaico le hizo salir corriendo de ese lugar y bajar los cinco pisos de a tres escalones. Sin detenerse en la puerta, siguió corriendo hasta cruzar la calle y se dio vuelta a tiempo para ver como terminaba por desaparecer el edificio entero. Los pelos de la espalda siempre le causaban comezón cuando se procesaba una piloerección y esto solo le pasaba cuando tenia mucho frío o cuando estaba con miedo. Y frío no tenia. Intento controlarse, evidentemente este día tenia algo muy especial. El sol daba de frente encandilándolo, por lo que caminaba con dificultad intentando no tropezar con nada y allí se dio cuenta de otro acontecimiento por demás especial: su sombra iba delante de él, lo que no seria raro si el sol estuviese detrás, pero estaba al frente. Le costaba entender la sucesión de acontecimientos pero veía perplejo como la sombra lo precedía y el sol le daba de frente. Pensó en algún reflejo y busco su segunda sombra, la tradicional, la conocida, detrás suyo, pero no estaba. Detrás de un gran muro logro hacer desaparecer ese fantasma oscuro que mágicamente lo precedía y se apoyó en el buscando descansar un momento. Fue como caer en una almohada, porque el inmenso muro de ladrillos era blando, totalmente blando, tanto que no le permitía pararse, solo podía avanzar gateando. Asi salio de ese encierro suave, pero apareció por lo más alto, cayendo al pasto, donde asombrado se hundió en un mar verdoso y espeso, donde quedo flotando dificultosamente. Nadó hacia el muro desde alli vio a dos paseantes que se acercaban. Comenzó a gritarles pero ellos no escuchaban, solo se le aproximaban y al pasar a su frente noto que eran figuras de trazos gruesos y en blanco y negro como caricaturas que se fueron adelgazando hasta convertirse en una línea y desaparecer cuando esperaba ver sus espaldas. Evidentemente era un día sumamente distinto. Le asaltó una repentina angustia por su propia apariencia, todo era tan caótico que pensó: ¿existiré?. Deambuló buscando alguna superficie en que reflejarse, mientras el líquido subía por su cuerpo y goteaba hacia arriba, evaporándose. Siguió a su sombra siempre son el sol de frente, semi enceguecido. En una pared totalmente amarilla descubrió un espejo de respetables dimensiones y ansioso se buscó en el. Solo vio una imagen distorsionada. Paso su mano por el cristal para quitar la humedad que no le dejaba definir su imagen y misteriosamente la mano atravesó el espejo. Esto ahora le pareció totalmente normal. Entró en el espejo y seguió caminando. Podía ver su espalda y las gotas que saltaban de su cabeza mojaban el techo con un verde esmeralda desteñido. Una puerta giratoria llamó su atención. Al salir de ella emergió a la nada. Quedó flotando a una altura impresionante. Extrañamente este detalle tampoco le asombró, simplemente siguió avanzando dando brazadas como si estuviese nadando hasta llegar a la copa de un frondoso árbol que reconoció como el del medio de la plaza frente a su oficina. El árbol era la primera cosa que reconocía, lo primero normal, digamos, con la salvedad que podía ver claramente todas las raíces ya que no existía piso y flotaba como él. Un pequeño pájaro marrón paso volando de patas hacia arriba y despareció a través de un gran cartel publicitario. Sin problemas él también lo atravesó llegando a un largo corredor que terminaba en una puerta de vidrio transparente que también le pareció reconocer. Dentro estaba su oficina, de cristales azulados. Reconoció su escritorio y automáticamente se sentó y toco el intercomunicador llamando a Alicia, su secretaria. Ella respondió normalmente. Las cosas comenzaban a volver a la normalidad. La secretaria entró a la oficina con el rutinario café de la mañana y todo volvió a tener sentido. Solo llamaba la atención ver la cara de Alicia en un solo plano, con los dos ojos juntos a la izquierda y la nariz y la boca en el perfil derecho, su cabeza no tenia volumen. Se quedo pensando en este detalle, que seguramente seria transitorio, mientras arrollaba su tentáculo dorsal en la viga del centro para sostenerse y así sorber por la trompa su café sin inconvenientes. "Y si - se dijo - la erupción solar seguramente fue muy fuerte, algunas reacciones secundarias tendremos que soportar" y como era uruguayo y tercermundista, también le vino inmediatamente la frase marcada a fuego en la mente de todos desde tiempos antiguos y que siempre nos inmoviliza: "Quedate tranquilo, que hay cosas peores."