sábado, 24 de marzo de 2007

Fraccionamiento "Nuevo Milenio"



Como todos los días, la maestra volvía a su casa luego de una jornada de desgastante trabajo con los pequeñitos, asi, rutinariamente, pasó frente al zoológico de la ciudad y pudo leer un cartel colocado a la entrada: "Fraccionamiento Nuevo Milenio". Recién lo habrían colocado - pensó - porque a la mañana no estaba, podía asegurarlo porque era su paseo predilecto, en especial cuando llevaba a los más chiquitos a ver los bichos, ¡esas caritas de curiosidad!, daba gusto verlas. Quedo razonando: ¿Fraccionamiento?, ¿por que motivo lotearían el zoológico municipál?. Aminoró la marcha y miro hacia adentro. No vio ninguna jaula, no había ningún animal. ¿Como pudieron sacar tan rápido todas las instalaciones? Muy extrañada siguió camino a su casa. Al llegar, un cartel anunciaba en el jardín: "Se vende - Oportunidad única". Evidentemente alguien le estaba jugando una broma. Estacionó y se bajó apurada, sin cerrar la puerta del auto corrió nerviosa hacia el porche pero no pudo entrar, la llave no servia. Dio la vuelta por el fondo y la puerta de servicio, que siempre dejaba abierta, ahora estaba trancada. En puntas de pie miró por los ventanales... ¡la casa estaba vacía!. ¿Pero como podía ser?. "Esta es mi casa"
- se dijo - y automáticamente recordó la imagen de su esposo de pijama despidiéndola con su brazo en alto y sosteniendo la taza de café con la otra mano. Lo recordaba perfectamente. Y los muebles... ¿donde están los muebles?. La cosa estaba pasando a mayores. A lo mejor un robo, nada raro en estos días, pero su marido, ¿dónde podía estar?. ¡Por Dios, quizás lo habían raptado!. Ya francamente asustada decidió ir a la policía. Subió al auto, pero la llave de encendido no funcionó. Intentó forzarla y la sirena de alarma comenzó a sonar. Quiso inútilmente apagarla apretando el botón verde del control remoto, pero tampoco respondió. La sirena seguia sonando estruendosamente. Recién alli reparó que sobre el auto había una lata amarilla y un cartel rezaba: "Se vende barato - medio uso". Ahora si estaba claro que era una broma de mal gusto. No entendía como podían haber cambiado la cerradura tan rápido y como fue que no los había visto. ¿Cual de los vecinos sería el bromista?. Cruzó apurada la calle para preguntarle a la señora Ortiz, vecina de tantos años, quizás ella sabia algo. Tocó timbre. La atendió un señor de casi dos metros de altura, moreno, que nunca había visto en el barrio, quien dijo que no la conocía a ella y tampoco a la tal señora Ortiz. Dijo vivir desde hace mucho en esta casa y que la de enfrente – SU casa - hacía meses que estaba en venta. ¿En venta? Pero si hoy ella había... no terminó su pensamiento porque el hombre le preguntó: ¿Usted no conoce el dueño de ese auto?, ¡esa alarma me esta dejando sordo!. Caminó desesperada hacia la farmacia de la esquina, donde seguramente Rubencito, el despachante, le aclararía la situación. Pero no encontró ninguna farmacia, en su lugar estaba una panadería de la que salía un delicioso olor a pan recién horneado y en el mostrador un señor gordo, desconocido, atendía la clientela.. Corrió nuevamente hacia su casa.(¿Su casa?). Recordó que en el fondo estaba el fiel Nerón en su casilla. Precisaba desesperadamente algo que le diera un asidero, una luz en tanta oscuridad. Pero encontró una casilla vacía y abandonada, donde en el dindel se leía "Lupita". Le comenzó un fuerte dolor de cabeza. Sentía que le ardía la cara y la barba le picaba... ¿¡la barba!?. Se miró incrédula en una ventana y si, tenía un larga barba canosa y era un bajo y regordete...¡hombre!. Los que lo (¿la?) llevaban, vestidos de blanco, le repetían que todo saldría bien (¿bien?) que dejara de defenderse y no tirase mas puñetazos y patadas. Miró sus caras, eran desconocidos. Lo (¿la?) llevaron a un hospital especial, según le dijeron. Al llegar vio que era la escuela, SU escuela, donde iba todos los días desde hacía años (¿SU escuela?). Comenzó a tiritar, no podía contener los temblores, balbuceaba incoherencias, se sintió mareada (¿mareado?). Un médico le aplicó una inyección para calmarlo (¿calmarla?) y al verle la cara reconoció a su esposo. ¡Pero su esposo no es médico!. (¿Medico?, ¿esposo? ¿perro? ¿señora Ortiz? ¿él? ¿ella?). Una mueca extraña se apoderó de su cara y la risita nerviosa que acababa de comenzarle junto con el tic del ojo derecho le resultaban incontrolables. ¡Como le picaba la barba!. Cuando desesperado (¿a?) iba a comenzar a gritar la droga hizo efecto. Se durmió.(¿Se durmió?)

Montevideo julio del 2000. (¿Julio 2000?). (¿Montevideo?).

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