sábado, 21 de julio de 2007

Apremio físico


Con las manos aferradas fuertemente a los barrotes laterales endurece las facciones, cierra los ojos y muerde su labio inferior hasta sacarle sangre. A su alrededor todos le hablan al mismo tiempo, le gritan, le increpan, no entiende. Alguien pincha su brazo y comienza a pasar un liquido transparente en sus venas sin decirle que es ni para que, mientras otro oprime sus genitales exigiendole más, mucho más. Le dice secamente que no se resista, que colabore para acabar de una buena vez con todo esto, que es para su bien, que le conviene. Un tercero le clava algo en la espalda, lo que entra le arde, mientras el dolor sostenido del abdomen se hace más y más fuerte obligándola a gritar buscando alivio, agotada, mientras corren gotas de sudor por su frente y el cuerpo bañado en transpiración resiste estoicamente.

Los que la rodean no se inmutan, le piden más, más, más, le exigen que colabore, dicen que es por su bien, que no se oponga. Aunque no logra entender claramente las órdenes mantiene la boca cerrada mientras las piernas comienzan a quedarle insensibles. Pese al miedo sigue resistiendo el dolor que se agudiza y aunque se quiere mover no la dejan, la mantienen en posicion, la obligan a continuar. Siente que necesita evacuar urgentemente y les dice, les grita, ellos parecen sordos y por el contrario le exigen más.

Fisicamente exhausta apenas duele cuando le cortan sus genitales y siente como la sangre caliente le corre por las nalgas, alli sí casi pierde la noción de todo pero en forma refleja esfuerza más y la cara le queda roja, los dientes desperadamente apretados, firme pese a todos los apremios porque sabe bien lo que esta haciendo, tiene muy claros sus principios, sabe muy bien por qué está allí.

El máximo de esfuerzo lo acompaña de un sonido gutural que comienza de lo mas profundo de sus entrañas y se hace cada vez mas fuerte, más penetrante, mas desesperado, más visceral culminando con un grito explosivo, desgarrador.

De pronto, todo cambia.

Cesa el dolor.

Cesa el esfuerzo.

Nada duele.

Un llanto agudo, interrumpido, intermitente, conquista el ambiente, endulza los oídos y ese esperado cuerpecito mojado y calentito se retuerce en su pecho.

Todos los que la están rodeando ríen.

Ha nacido su hijo, lo demás no cuenta.

lunes, 2 de julio de 2007

Intento fallido


Pensó - o más bien se sintió - completamente muerto.

Lo había logrado entonces.

Una sonrisa comenzó a insinuarse en sus facciones ágrias y abrió los ojos para ver lo nuevo. La emoción exagerada lo despertó aturdido.

Volvió a ver el techo de la pieza húmeda desde su cama vencida cual barco semihundido.
En lontananza escoraban unos pies flacos de calcetines sucios.

A babor, por la punta de la media rota cual escotilla de proa, asomaba curioso un dedo gordo de larga y sucia uña.

Iba al garete la onírica nao carente de timones.
El gato dormía plácidamente en su costado, indiferente, ronroneántemente fuera de combate.
Su sonrisa se borró, volvió lo agrio.
No entendía.

Revisó el frasco vacío. En el fondo leyó: "Fecha de vencimiento Enero 1994"... la puteada resonó sonora en al ambiente frío.
Pensó: "Veremos mañana que se cuadra."

Antes de dormir releyó brevemente el comienzo de la nota que había escrito luego de mucho pensar:

"Montevideo, día 9 de diciembre de 1999. Sr. Juez: es porque no quiero terminar el siglo en este estado que tomo esta decisión, de la que a nadie deben culpar. Dejo mi..."

Interrumpió la lectura, arrugó el papel, lo dejo caer, mirando como rebotaba en el piso.

Se acomodó a la izquierda, en posición fetal y repitió mentalmente:

"Veremos mañana que se cuadra."