
Se había acostado tarde y seguía mirando el techo, satisfecho porque la pintada le había quedado bien, parecía un trabajo de profesionales y había ahorrado unos pesos que no le venían mal. A su lado, y para su envidia, Elena dormía placidamente. Él, pese al cansancio, no tenia sueño y los minutos pasaban sin que lograra dormir. Odiaba estar desvelado, asi que con cuidado se levantó de la cama, se puso el sobretodo arriba del pijama - no hacia demasiado frío afuera – y calzó los mocasines sin ponerse medias. Aburrido, decidió ir al video nuevo, a pocas cuadras, que abria toda la noche, a sacar alguna película para distraerse. La señora no se despertó. Bajó despacito la escalera hacia la puerta de calle. Raramente le daba importancia a lo que lo rodeaba, pero al salir cayó en cuenta de que eran mas de las dos de la madrugada y el barrio estaba desierto, solo algún gato comenzaba su rutina nocturna. El viento empujada latas vacías y se podían sentir clarito las ramas de los árboles. Realmente no hacia frío pese a que estaban en pleno invierno. El pronóstico del tiempo en el informativo radial había dado 18 grados poco antes que decidiera levantarse. Y en esa época del año era mucho decir. Claro que venia acompañado de baja presión y aumento muy marcado de la humedad, situada en 95%, según decían los del informativo, lo que era igual a tormenta cercana. Siguió caminando confiado, pero agobiado. Las piernas le pesaban, notó cierto cambio en su respiración y le pareció oír unas pisadas que acompañaban las suyas. Esto lo intranquilizó. Se detuvo bruscamente y miró hacia atrás tratando de descubrir algo sospechoso. Nada nuevo, una simple vereda invernal, los árboles sin hojas, las casas con sus caras grises, los escasos focos de luz iluminando mediocremente las baldosas. Estaba solo. Decidió bajar el cordón y seguir caminando por la calle, de todas formas no había transito a esa hora. Recuperó en parte la confianza y siguió decidido hacia el "Open 24 horas", boliche con nombre agringado que había estrenado un uruguayo venido de Canadá. En aquel país le había funcionado, aquí estaba probando y seguramente funcionara, porque para los vecinos era cómodo. Nuevamente unas pisadas resonaron en su cabeza. Paró en seco. Los sonidos cesaron. Golpeó con su pie en la calle y sintió un golpe similar, más lejano y más seco. Lo que sospechaba parecía confirmarse. Volvió a golpear. Luego batió las palmas y terminó de confirmarlo: era un eco, un eco que solo lograba sentir por el silencio reinante, por la soledad, porque de día quedaba oculto por el bullicio de la ciudad despierta. Definitivamente recupero la tranquilidad y siguió con paso apurado - pero ya no asustado – disfrutando la companía de su propio eco. Una ráfaga de aire caliente le movió el cuello de la camisa. No entendía realmente aire tan caliente y seco – porque estaba bien seco – una noche de invierno... pero el tiempo estaba tan loco que podía pasar cualquier cosa. "Muy seco para una noche de invierno - pensó - es cálida pero ni cerca de veraniega y menos con tanta humedad, ¿no decían que había 95%?." Un resplandor iluminó por un momento la calle. Fue apenas perceptible, pero no se le pasó por alto. Sus piernas le parecían mas pesadas, le costaba movilizarlas. Comenzó a sudar, pero no a preocuparse. Su nariz le picaba. Al rascarse le llamó la atención lo duro de su cara y no acababa de comprender por que razón parecía alargada y móvil. Más no tuvo tiempo de discernir eso porque el resplandor volvió a aparecer, duró varios segundos y se acompaño por un viento seco y fuerte, que le hizo perder momentáneamente el equilibrio. En sus pensamientos concluyó que comenzaría a llover en poco tiempo, así que apuró el paso para llegar al video y volver a casa. Con una película era distinto, le funcionaba como un somnífero, muchas veces se quedaba dormido antes de que terminara y mientras él roncaba, la señora tenía que despertarse y apagar el equipo. No pocas broncas tuvo con ella por eso. Faltaba poco más de media cuadra cuando notó que la calle perdía el acostumbrado tono negro-grisáceo y lucia ahora un azul brillante y levemente incandescente. En realidad no se sorprendió demasiado, solo tuvo una sensación extraña. Volvió a golpear con el pie y el sonido no fue el mismo, por el contrario, no sintió el eco y levantó una pequeña nube de polvo fino que irradió una luz rojiza. Al mirar su pie, no vio su zapato de cuero, ni su pie. La extremidad que pegaba en el suelo era semicircular, gruesa y amarronada, con tres nodulaciones cónicas al frente. Le pareció recordar que se había visto un pie fino recubierto de una especie de cuero oscuro. Quiso tocarse pero no pudo arquear el lomo, porque la cola ondulada impedía su balance, por esto con su trompa sesíl recorrió sus apéndices anteriores, no notando ninguna zona dismófrica. Por un momento le pareció ver un área de oscuridad y una corriente de aire frío y húmedo recorrió su dorso. Miró hacia atrás y solo vio el largo y conocido desierto nitroso, seco y semi-incandescente. Le quedaba poco para llegar a su octógono gregario. Apuró su reptación, se sentía cansado. Por un instante otro pequeño lapso de oscuridad y aire húmedo pareció recorrerle su aleta dorsal, pero atribuyó esto a la proximidad de su próximo colapso mórfico. Aunque estaba intranquilo – lo que le sucedía siempre que tenia colapsos atípicos – reptó rápidamente hacia el cubíl. Se repitió que nunca más comería gronóporos crudos y mucho menos antes del colapso mórfico, bien le había dicho el Gregor Mayor que eso le traería problemas a la larga o a la corta. No habían pasado mas de tres istrones y ya entendía que el Gregor - como siempre - tenía razón. Entró a la cámara germinal del octógono con una extraña sensación en el cuerpo, sabía que había sido un sueño pero no lograba definir los límites de la realidad. Su entoriana procreadora le esperaba sobre los huevos con cara de pocos amigos."¿Cómo puede un entoriano de experiencia demorar tanto para conseguir unos mextrones térmicos al germinal comunitario?... ¡No se como te puedo aguantar!" Bien sabía él que ese tono suave de la queja era porque estaba incubando, porque si no fuera por el nido, con el caracter realmente terrible que tenia..." Intentó calmarla: "Vine tan pronto pude, aquí están, ya puedes colapsarte, yo modulare los mextrones y seguiré incubando, afuera esta particularmente seco y caliente el sulfuro, mañana tendremos tormenta de meteoritos, las tres lunas están rodeadas de un halo verdoso. Por cierto, me sigo sintiendo mal, la reptación no me sirvió de nada". "¡Cuantas veces te tengo que decir que no puedes comer gronóporos crudos, miserable proludón!, luego solo te la pasas quejándote. Eso te produce pésimos colapsos mórficos, ¡nunca aprendes, nunca aprendes! y luego yo tengo que soportar tus atipías... ¡un proludón, eso eres, un miserable proludón!", y ya sin darle mas importancia siguió masajeando su nidal con su trompa sésil germinativa. "Voy a aprender, lo puedes jurar, hoy la pase muy mal. Imagínate que cuando reptaba hacia aquí por momentos no sabia si era yo o si me había convertido en un ser con dos prolongaciones inferiores de terminaciones finas recubiertas de un material brilloso y tentáculos flexibles – como los de los wenoclastos del pantano nirval – en la parte superior del cuerpo terminando en pequeñísimos tentaculitos móviles. En el sueño mi polo entrópico era redondeado con aletas laterales y huecos móviles. Hasta me parecía estar en una zona sin resplandor cuántico... lo que son los colapsos atípicos, te juro que era tan real que me corrió una descarga de alerta por las aletas dorsales. Fue feo, pero ya pasó. Bueno, ahora descansa, amor, yo cuido el nidal". La entoriana lo miró por un momento y solo repitió con una voz gruesa y despreciativa antes de seguir en sus cosas: "¡Un proludón, un gran y reptante proludón, no eres otra cosa!"

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