sábado, 24 de marzo de 2007

Erupción solar


Ese día tenia algo especial. Lo había sospechado desde la mañana, cuando al despertarse disfrutó durante mas de quince minutos el hermoso cielo azul turquesa donde pese a la luz naciente aun podía ver estrellas titilando, demorando en darse cuenta que misteriosamente había desaparecido el techo de su dormitorio y los quince pisos que tenia normalmente por arriba en el edificio de departamentos. No tuvo tiempo para demasiado asombro ya que al calzar sus chinelas notó que el piso comenzaba a trasparentarse. Algún reflejo arcaico le hizo salir corriendo de ese lugar y bajar los cinco pisos de a tres escalones. Sin detenerse en la puerta, siguió corriendo hasta cruzar la calle y se dio vuelta a tiempo para ver como terminaba por desaparecer el edificio entero. Los pelos de la espalda siempre le causaban comezón cuando se procesaba una piloerección y esto solo le pasaba cuando tenia mucho frío o cuando estaba con miedo. Y frío no tenia. Intento controlarse, evidentemente este día tenia algo muy especial. El sol daba de frente encandilándolo, por lo que caminaba con dificultad intentando no tropezar con nada y allí se dio cuenta de otro acontecimiento por demás especial: su sombra iba delante de él, lo que no seria raro si el sol estuviese detrás, pero estaba al frente. Le costaba entender la sucesión de acontecimientos pero veía perplejo como la sombra lo precedía y el sol le daba de frente. Pensó en algún reflejo y busco su segunda sombra, la tradicional, la conocida, detrás suyo, pero no estaba. Detrás de un gran muro logro hacer desaparecer ese fantasma oscuro que mágicamente lo precedía y se apoyó en el buscando descansar un momento. Fue como caer en una almohada, porque el inmenso muro de ladrillos era blando, totalmente blando, tanto que no le permitía pararse, solo podía avanzar gateando. Asi salio de ese encierro suave, pero apareció por lo más alto, cayendo al pasto, donde asombrado se hundió en un mar verdoso y espeso, donde quedo flotando dificultosamente. Nadó hacia el muro desde alli vio a dos paseantes que se acercaban. Comenzó a gritarles pero ellos no escuchaban, solo se le aproximaban y al pasar a su frente noto que eran figuras de trazos gruesos y en blanco y negro como caricaturas que se fueron adelgazando hasta convertirse en una línea y desaparecer cuando esperaba ver sus espaldas. Evidentemente era un día sumamente distinto. Le asaltó una repentina angustia por su propia apariencia, todo era tan caótico que pensó: ¿existiré?. Deambuló buscando alguna superficie en que reflejarse, mientras el líquido subía por su cuerpo y goteaba hacia arriba, evaporándose. Siguió a su sombra siempre son el sol de frente, semi enceguecido. En una pared totalmente amarilla descubrió un espejo de respetables dimensiones y ansioso se buscó en el. Solo vio una imagen distorsionada. Paso su mano por el cristal para quitar la humedad que no le dejaba definir su imagen y misteriosamente la mano atravesó el espejo. Esto ahora le pareció totalmente normal. Entró en el espejo y seguió caminando. Podía ver su espalda y las gotas que saltaban de su cabeza mojaban el techo con un verde esmeralda desteñido. Una puerta giratoria llamó su atención. Al salir de ella emergió a la nada. Quedó flotando a una altura impresionante. Extrañamente este detalle tampoco le asombró, simplemente siguió avanzando dando brazadas como si estuviese nadando hasta llegar a la copa de un frondoso árbol que reconoció como el del medio de la plaza frente a su oficina. El árbol era la primera cosa que reconocía, lo primero normal, digamos, con la salvedad que podía ver claramente todas las raíces ya que no existía piso y flotaba como él. Un pequeño pájaro marrón paso volando de patas hacia arriba y despareció a través de un gran cartel publicitario. Sin problemas él también lo atravesó llegando a un largo corredor que terminaba en una puerta de vidrio transparente que también le pareció reconocer. Dentro estaba su oficina, de cristales azulados. Reconoció su escritorio y automáticamente se sentó y toco el intercomunicador llamando a Alicia, su secretaria. Ella respondió normalmente. Las cosas comenzaban a volver a la normalidad. La secretaria entró a la oficina con el rutinario café de la mañana y todo volvió a tener sentido. Solo llamaba la atención ver la cara de Alicia en un solo plano, con los dos ojos juntos a la izquierda y la nariz y la boca en el perfil derecho, su cabeza no tenia volumen. Se quedo pensando en este detalle, que seguramente seria transitorio, mientras arrollaba su tentáculo dorsal en la viga del centro para sostenerse y así sorber por la trompa su café sin inconvenientes. "Y si - se dijo - la erupción solar seguramente fue muy fuerte, algunas reacciones secundarias tendremos que soportar" y como era uruguayo y tercermundista, también le vino inmediatamente la frase marcada a fuego en la mente de todos desde tiempos antiguos y que siempre nos inmoviliza: "Quedate tranquilo, que hay cosas peores."

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