viernes, 29 de junio de 2007

Aporte científico


Siempre, toda su vida había deseado ser una luminaria científica, conocer nuevos caminos para la investigación, hacer descubrimientos en los campos técnicos, inventar genialidades, participar en el aumento del conocimiento de la humanidad.

Claro, su vida no fue fácil, tenia ocho hermanos, él era uno de los del medio, no sobraba demasiado en la familia, los padres hacían lo posible pero siempre faltaba algo, carencias de una familia que se comportaba como lo que era, una familia pobre.
Pero él nunca cejó en su empeño por avanzar, de ser parte de la ciencia, de lograr llegar al conocimiento. Desde muy pequeño trabajó en cualquier cosa para conseguir algún peso para ayudar a su familia. Comenzó la escuela porque la ley así lo estipulaba, pero no llegó a terminarla. De todas formas quería participar en el avance de los hombres y siguió estudiando, pero nunca pudo llegar a secundaria.
Esto no lo amilanó, por el contrario, concurría a las bibliotecas, consultaba los libros, profundizaba los temas que mas le importaban. Fue cuando la crisis en la construcción que lo dejaron cesante, ya no se precisaba tanta mano de obra. Nunca pudo conseguir trabajos de oficina porque carecía de los estudios necesarios.
Sus visitas a las bibliotecas se iban espaciando, no tenia tiempo para dejar de trabajar y su apariencia física reflejaba su precaria situación económica. Mas de una vez los porteros le impidieron el acceso.
Su familia se fue disgregando, murieron sus padres, cada hermano tomo caminos diferentes y él quedo solo, siempre con la idea fija pese a todo de conseguir colaborar con el aumento de la capacidad de conocimiento del hombre.
Al final de su breve vida se había convertido en un ser de la calle, una especie de fantasma harapiento que buscaba comida en los tachos de basura, uno mas de los miles de abandonados por la sociedad insensible.
Con las propinas que recibía y las limosnas que algunas almas caritativas le brindaban sobrevivía malamente y el vino le ayudaba con el frío del invierno y con el triste recuerdo de su niñez pobre, su adolescencia carente, su juventud triste y su adultez solitaria.
En una de sus intoxicaciones alcohólicas, cuando la cirrosis que avanzaba limitaba brutalmente su aun joven vida, no despertó a tiempo del frío de la madrugada de invierno que lo encontró tirado en un basural cubierto de cajas de cartones.
Murió por hipotermia e intoxicación alcohólica severa, decía el parte del forense.
Él nunca lo supo, pero su mas grande deseo se cumplió finalmente.
Nadie reclamo el cuerpo.
En el marco de un convenio con la Universidad de la República, los despojos fueron donados a la Cátedra de Anatomía de la Facultad de Medicina.
El cuerpo acartonado quedo flotando en la pileta de formol de la casa de estudios a la espera de ser disecado por nuevas generaciones de estudiantes de medicina que luchaban por acrecentar sus conocimientos..
Su sueño se había cumplido, él era parte de ese avance.

domingo, 24 de junio de 2007

El cambio

No hubiese sido tan impactante verla atravesar la pared como la cosa más normal del mundo y mucho menos observarla flotando a dos metros de la ventana del séptimo piso mientras conversaban, no, en realidad lo realmente extraño - que no inquietante - fue sentir esa sensación de levedad que lo impulsó a seguirla, y poder hacerlo.

Y alli estaba, flotando junto a Cristina a más de veinte metros de la calle, lejos de la ventana que daba a la oficina. Ni siquiera se dio cuenta cuando atravesó la pared. Miraba todo desde afuera, por su propia ventana. Los compañeros seguían su rutina en ese horario pico de trabajo, derramando stress y transpirando. En su despacho, alguien estaba sentado en su sillón y parecía dormir apoyado sobre el escritorio. Le pareció conocido y con la misma naturalidad en que llegó hasta ese sitio, flotó acercándose para ver al extraño con más claridad. Era él. Desconcertado, se dio vuelta hacia Cristina para comentar su hallazgo y la vio sonriente, con la mano extendida, lo miraba con ternura, irradiaba paz y la comenzaba a rodear una luz intensa y celestial.

Recién alli recordó que ella, su único e inmenso amor, había muerto hacía años. Entoncen entendió todo, se confirmaba lo que siempre había intuido: los finales, en realidad, son comienzos. En ese momento todo dejó de preocuparle, simplemente tomó esa mano querida con firmeza y se alejaron conversando, todo era natural y simple. Tenían mucho que recordar y un tiempo eterno para hacerlo.

domingo, 25 de marzo de 2007

La espera




Lentamente fueron llegando a la capilla. El tiempo gris, lluvioso, acompañaba los acontecimientos – como siempre pasa – hacíendo todo mas difícil. Tantos días de frío y humedad congelaban los mármoles del cementerio. Juan los estaba esperando pacientemente desde hacía varias horas, con su mejor traje, camisa de estreno, corbata al tono, impecables zapatos clásicos perfectamente lustrados y cuidadosamente peinado para la ocasión. Cuando llegaron no tuvo reclamos para nadie, no se molestó por la espera, le sobraba paciencia. Él estaba en el cajón.

sábado, 24 de marzo de 2007

La luz


Al abrir la puerta de la residencia lo impactó el frío y la humedad del aire dentro de la casa, siendo que en la calle se sufrían casi treinta grados de la noche de verano. Su respiración se condensaba, parecía estar fumando. Dio dos pasos hacia adentro y allí vio esa luz azulada muy intensa flotando en el medio de la sala, iluminando el ambiente con una tonalidad celeste iridiscente emitiendo pulsaciones rosadas mientras se le aproximaba lentamente. Retrocedió, pero la puerta se cerró detrás suyo con un ruido sordo. Apoyando la espalda contra la pared y sin dejar de mirar fijamente la intensa aparición buscó desesperadamente el interruptor de la luz siguiendo el marco de la puerta con su mano. Lo encontró cuando esa forma lumínica pulsátil casi llegaba a su cara, trasmitiéndole una onda de calor que lo mareaba. Cuando perdía la conciencia logro accionar la llave. La luz no se encendió.

La mano


Esa noche la humedad se pegaba a la piel. Caminar por el inmenso estacionamiento era como deslizarse por una superficie gelatinosa, lo que sumado al frío otoñal y la soledad de la madrugada obligaba a apurar el paso, tensando los nervios el propio eco de sus pisadas. El auto parecía estar mucho mas lejos que de costumbre y al llegar a su lado le temblaban las manos. Con dificultad puso la llave en la puerta, la abrió y al sentarse colocó rápidamente los seguros. Entonces comenzó a serenarse. En parte se había puesto mas nerviosa porque su amigo - al que le encantaban las bromas de mal gusto – se pasó la tarde comentando asuntos de asesinatos y aparecidos en el barrio, con una clara intención de asustarla. Y casi lo había logrado. Encendió el motor y cuando comenzaba a salir del estacionamiento sintió una mano firme y de dedos huesudos que le agarraba el hombro derecho. Si no hubiese sido porque estaba sobre aviso se hubiese orinado del susto, pero estaba prevenida, por eso con aire de suficiencia dijo en voz alta: “Sabía que algo me estabas preparando, pero hablaste demasiado y me di cuenta, ¡mira que sos boludo che!”. La mano dejo de apretar el hombro. Ella buscó la cara de su amigo en el espejo retrovisor y no vio nada. Riendo dijo: “No te escondas desgraciado que se que sos vos...” y dándose vuelta miró al asiento de atrás. Estaba vacío. En el auto estaba ella sola. Quedo tan confundida que frenó el vehículo para poder pensar. Antes de salir de su asombro volvió a sentir la mano apretandole el hombro y automáticamente viro rápidamente la cabeza para mirar. No veía nada, pero, en su hombro, sentía una mano.

La llamada

Desde antes de entrar al apartamento sintió que el teléfono estaba sonando. Apuró la maniobra de abrir la puerta y corrió hacia el escritorio sin cerrarla, dejando al pasar el portafolio en el sofá de la sala. Al levantar el tubo la conocida voz de su madre lo acarició. Él le dijo por qué había demorado en atender, ella le contesto que no importaba, le pregunto como había pasado el día, como estaban sus cosas, su familia, sus negocios, su salud. Él le dijo que todo estaba bien, que había llegado cansado de la oficina, que había sido un día agotador, pero ya estaba acostumbrado a esas rutinas, que no se preocupara. Ella le contesto que quedaba tranquila sabiendo que estaba bien y que sus negocios iban “viento en popa”, le repitió que lo quería mucho y mando todo su cariño para la nuera y los nietitos como era su costumbre. Rutinariamente él le contesto que también la quería y la extrañaba, que se cuidara, le mando besos de todos por allí, también para el viejo y le pidió que se cuidara mucho. Cortaron la conversación. Cerro la puerta, tomo el portafolios y cuando sacándose el saco comenzaba a caminar para el baño volvió a sonar el teléfono. Ahora fue la inconfundible voz de su padre que se sentía cansada. Le dijo: “Nene, esta es la llamada que nunca hubiera querido hacer, tenés que ser fuerte, mamá se nos fue hoy de mañana, su corazón enfermo no aguantó más. Te llame varias veces antes pero me daba ocupado, si sirve de consuelo te digo que hasta el ultimo momento se acordó de ti como siempre... ¿Nene? ¿Nene? ¿Estás bien?. Él no lo sentía, el tubo del teléfono se le había caído de las manos.

Fraccionamiento "Nuevo Milenio"



Como todos los días, la maestra volvía a su casa luego de una jornada de desgastante trabajo con los pequeñitos, asi, rutinariamente, pasó frente al zoológico de la ciudad y pudo leer un cartel colocado a la entrada: "Fraccionamiento Nuevo Milenio". Recién lo habrían colocado - pensó - porque a la mañana no estaba, podía asegurarlo porque era su paseo predilecto, en especial cuando llevaba a los más chiquitos a ver los bichos, ¡esas caritas de curiosidad!, daba gusto verlas. Quedo razonando: ¿Fraccionamiento?, ¿por que motivo lotearían el zoológico municipál?. Aminoró la marcha y miro hacia adentro. No vio ninguna jaula, no había ningún animal. ¿Como pudieron sacar tan rápido todas las instalaciones? Muy extrañada siguió camino a su casa. Al llegar, un cartel anunciaba en el jardín: "Se vende - Oportunidad única". Evidentemente alguien le estaba jugando una broma. Estacionó y se bajó apurada, sin cerrar la puerta del auto corrió nerviosa hacia el porche pero no pudo entrar, la llave no servia. Dio la vuelta por el fondo y la puerta de servicio, que siempre dejaba abierta, ahora estaba trancada. En puntas de pie miró por los ventanales... ¡la casa estaba vacía!. ¿Pero como podía ser?. "Esta es mi casa"
- se dijo - y automáticamente recordó la imagen de su esposo de pijama despidiéndola con su brazo en alto y sosteniendo la taza de café con la otra mano. Lo recordaba perfectamente. Y los muebles... ¿donde están los muebles?. La cosa estaba pasando a mayores. A lo mejor un robo, nada raro en estos días, pero su marido, ¿dónde podía estar?. ¡Por Dios, quizás lo habían raptado!. Ya francamente asustada decidió ir a la policía. Subió al auto, pero la llave de encendido no funcionó. Intentó forzarla y la sirena de alarma comenzó a sonar. Quiso inútilmente apagarla apretando el botón verde del control remoto, pero tampoco respondió. La sirena seguia sonando estruendosamente. Recién alli reparó que sobre el auto había una lata amarilla y un cartel rezaba: "Se vende barato - medio uso". Ahora si estaba claro que era una broma de mal gusto. No entendía como podían haber cambiado la cerradura tan rápido y como fue que no los había visto. ¿Cual de los vecinos sería el bromista?. Cruzó apurada la calle para preguntarle a la señora Ortiz, vecina de tantos años, quizás ella sabia algo. Tocó timbre. La atendió un señor de casi dos metros de altura, moreno, que nunca había visto en el barrio, quien dijo que no la conocía a ella y tampoco a la tal señora Ortiz. Dijo vivir desde hace mucho en esta casa y que la de enfrente – SU casa - hacía meses que estaba en venta. ¿En venta? Pero si hoy ella había... no terminó su pensamiento porque el hombre le preguntó: ¿Usted no conoce el dueño de ese auto?, ¡esa alarma me esta dejando sordo!. Caminó desesperada hacia la farmacia de la esquina, donde seguramente Rubencito, el despachante, le aclararía la situación. Pero no encontró ninguna farmacia, en su lugar estaba una panadería de la que salía un delicioso olor a pan recién horneado y en el mostrador un señor gordo, desconocido, atendía la clientela.. Corrió nuevamente hacia su casa.(¿Su casa?). Recordó que en el fondo estaba el fiel Nerón en su casilla. Precisaba desesperadamente algo que le diera un asidero, una luz en tanta oscuridad. Pero encontró una casilla vacía y abandonada, donde en el dindel se leía "Lupita". Le comenzó un fuerte dolor de cabeza. Sentía que le ardía la cara y la barba le picaba... ¿¡la barba!?. Se miró incrédula en una ventana y si, tenía un larga barba canosa y era un bajo y regordete...¡hombre!. Los que lo (¿la?) llevaban, vestidos de blanco, le repetían que todo saldría bien (¿bien?) que dejara de defenderse y no tirase mas puñetazos y patadas. Miró sus caras, eran desconocidos. Lo (¿la?) llevaron a un hospital especial, según le dijeron. Al llegar vio que era la escuela, SU escuela, donde iba todos los días desde hacía años (¿SU escuela?). Comenzó a tiritar, no podía contener los temblores, balbuceaba incoherencias, se sintió mareada (¿mareado?). Un médico le aplicó una inyección para calmarlo (¿calmarla?) y al verle la cara reconoció a su esposo. ¡Pero su esposo no es médico!. (¿Medico?, ¿esposo? ¿perro? ¿señora Ortiz? ¿él? ¿ella?). Una mueca extraña se apoderó de su cara y la risita nerviosa que acababa de comenzarle junto con el tic del ojo derecho le resultaban incontrolables. ¡Como le picaba la barba!. Cuando desesperado (¿a?) iba a comenzar a gritar la droga hizo efecto. Se durmió.(¿Se durmió?)

Montevideo julio del 2000. (¿Julio 2000?). (¿Montevideo?).