lunes, 31 de diciembre de 2007

Acto de desaparición (Superando a Houdini)


El lugar ideal lo encontró junto al borde de un pequeño barranco arenoso.

En la base puso un tablón grande en ángulo de 45 grados, colocando al centro con perfecto balance, un palo al que ató una cuerda larga.

Delicadamente fue aflojando la arena y tierra seca de la base.
Demoró poco menos de una hora para dejar pronto el mecanismo que aseguraba el efecto.
Sin apuro (pero sin pausa) cavó un hueco grande, cómodo, y la tierra que sacaba la fué distribuyendo con mucho cuidado sobre el mismo tablón, procurando que no perdiese el equilibrio.
Cuando llegó a la profundidad deseada, puso en su sitio la cuerda, tomó unos tragos de agua de la cantimplora, luego la guardó en el hueco junto con la pala, se acostó adentro y jaló de la cuerda.
Tal como lo había previsto, esto desprendió el tablón que resbaló tapando perfectamente la fosa y sobre este cayó toda la tierra suelta y la que se desprendió del pequeño barranco al desmoronarse su saliente, cubriendo completamente la madera sin dejar huellas de trabajo humano.

En completa oscuridad, pero aún con aire, llevó el 38 de caño corto a su boca. De afuera no se sintió nada.

Se "desapareció" impecablemente.
Un genio el hombre.
Houdini un bebé de pecho.

martes, 27 de noviembre de 2007

La sospecha

La sospecha


“No pensé que llegaras tan temprano - la voz se sentía nerviosa – no tengo nada preparado, como ves, todo es un desorden” – se sintió un ruido sordo en el dormitorio – “Nerón debe estar haciendo de las suyas” – al sentir su nombre el perro vino moviendo el rabo, había conocido la voz y esto en parte quitó tensión al ambiente –

“¿Vas a darte una ducha antes de cenar? – era mas un pedido que una pregunta, la voz se sentía levemente angustiada – si ya cenaste tengo agua caliente en el termo, ¿querés un café?” – mientras caminaba hacia la cocina sintió la negativa del esposo – “bueno, entonces duchate que ya vuelvo”.


El hombre dejó la ropa sobre la cama al pasar al baño, abrió la llave del agua caliente y comenzó a conversar con ella. Desde el comedor se sentía clarito el ruido del agua en la bañera y su voz serena.


Segura que estaba bañándose ella constestó a sus preguntas y siguió con el tema del café, porque precisaba tiempo. “Bueno si, te lo dejo en la mesa de noche, está muy caliente”.
Nerviosa abrió rápidamente la puerta del closet sin hacer ruido, pero no encontró a nadie, buscó luego bajo la cama y tampoco, supuso que se habría ido pero vio la ropa escondida en el rincón, casi no podía respirar, sintió que el marido salía del baño.


“¿Ya te bañaste?... ¿tan rápido? – intentaba controlarse pero era casi imposible, los pasos se acercaban a la puerta – ¿que rico se siente luego de una ducha de agua caliente no?, hoy seguro que tuviste poco trabajo, por eso llegaste pronto, ¿no?”.


Él se secaba parsimoniosamente la cara a los pies de la cama, el cuerpo desnudo, ella le repitió, solícita: “tenés el café en la mesa de luz, mi amor, decime si esta bien de azúcar, se te va a enfriar”.


Con la toalla en la mano, siempre desnudo, tomó un trago, le dijo que estaba bien y después con mucha calma le dijo que no le quedaba claro que hacer, pero que opinaba que lo mas sensato seria llamar a la policía. Esto la dejó pensando.


“¿Llamar a la policía... y para que?” – recién allí vio la mano pálida saliendo de la bañera y unos salpicones rojos en la mampara y las baldosas del baño. Quedo sin palabras. Como de ultratumba sintió que desde algún sitio la voz de su esposo le decía:


“No volví temprano, no, simplemente no fui a trabajar, sospechaba esto desde hacia tiempo– las palabras sonaban impersonales, congeladas - ¡pero con alguien de nuestra total amistad!... eso si no me lo imaginaba, la verdad - la revelación quedó flotando como una nube fria en el dormitorio mientras el vapor de agua que salía del baño y la mancha roja del piso aumentaban de tamaño – eso si no me lo imaginaba, no me lo imaginaba, no me lo imaginaba”, repetía como un disco rayado mientras caminaba en dirección a ella con el estilete en la mano y los ojos extraviados...

Catalepsia

Catalepsia

Cuando despertó estaba solo, el ambiente era muy oscuro, sofocante, húmedo.

Se le dificultaba respirar y lo que inició una corriente fría en su espalda fue el silencio. Un silencio impresionante, profundo, pesado, increíble.
Comenzó a entender lo sucedido, tratando de negar sus propios pensamientos.
Antes de que el terror lo agobiara intentó estirar la mano buscando la lámpara salvadora y sus nudillos chocaron contra una pared de madera que sonó secamente a hueco...

sábado, 21 de julio de 2007

Apremio físico


Con las manos aferradas fuertemente a los barrotes laterales endurece las facciones, cierra los ojos y muerde su labio inferior hasta sacarle sangre. A su alrededor todos le hablan al mismo tiempo, le gritan, le increpan, no entiende. Alguien pincha su brazo y comienza a pasar un liquido transparente en sus venas sin decirle que es ni para que, mientras otro oprime sus genitales exigiendole más, mucho más. Le dice secamente que no se resista, que colabore para acabar de una buena vez con todo esto, que es para su bien, que le conviene. Un tercero le clava algo en la espalda, lo que entra le arde, mientras el dolor sostenido del abdomen se hace más y más fuerte obligándola a gritar buscando alivio, agotada, mientras corren gotas de sudor por su frente y el cuerpo bañado en transpiración resiste estoicamente.

Los que la rodean no se inmutan, le piden más, más, más, le exigen que colabore, dicen que es por su bien, que no se oponga. Aunque no logra entender claramente las órdenes mantiene la boca cerrada mientras las piernas comienzan a quedarle insensibles. Pese al miedo sigue resistiendo el dolor que se agudiza y aunque se quiere mover no la dejan, la mantienen en posicion, la obligan a continuar. Siente que necesita evacuar urgentemente y les dice, les grita, ellos parecen sordos y por el contrario le exigen más.

Fisicamente exhausta apenas duele cuando le cortan sus genitales y siente como la sangre caliente le corre por las nalgas, alli sí casi pierde la noción de todo pero en forma refleja esfuerza más y la cara le queda roja, los dientes desperadamente apretados, firme pese a todos los apremios porque sabe bien lo que esta haciendo, tiene muy claros sus principios, sabe muy bien por qué está allí.

El máximo de esfuerzo lo acompaña de un sonido gutural que comienza de lo mas profundo de sus entrañas y se hace cada vez mas fuerte, más penetrante, mas desesperado, más visceral culminando con un grito explosivo, desgarrador.

De pronto, todo cambia.

Cesa el dolor.

Cesa el esfuerzo.

Nada duele.

Un llanto agudo, interrumpido, intermitente, conquista el ambiente, endulza los oídos y ese esperado cuerpecito mojado y calentito se retuerce en su pecho.

Todos los que la están rodeando ríen.

Ha nacido su hijo, lo demás no cuenta.

lunes, 2 de julio de 2007

Intento fallido


Pensó - o más bien se sintió - completamente muerto.

Lo había logrado entonces.

Una sonrisa comenzó a insinuarse en sus facciones ágrias y abrió los ojos para ver lo nuevo. La emoción exagerada lo despertó aturdido.

Volvió a ver el techo de la pieza húmeda desde su cama vencida cual barco semihundido.
En lontananza escoraban unos pies flacos de calcetines sucios.

A babor, por la punta de la media rota cual escotilla de proa, asomaba curioso un dedo gordo de larga y sucia uña.

Iba al garete la onírica nao carente de timones.
El gato dormía plácidamente en su costado, indiferente, ronroneántemente fuera de combate.
Su sonrisa se borró, volvió lo agrio.
No entendía.

Revisó el frasco vacío. En el fondo leyó: "Fecha de vencimiento Enero 1994"... la puteada resonó sonora en al ambiente frío.
Pensó: "Veremos mañana que se cuadra."

Antes de dormir releyó brevemente el comienzo de la nota que había escrito luego de mucho pensar:

"Montevideo, día 9 de diciembre de 1999. Sr. Juez: es porque no quiero terminar el siglo en este estado que tomo esta decisión, de la que a nadie deben culpar. Dejo mi..."

Interrumpió la lectura, arrugó el papel, lo dejo caer, mirando como rebotaba en el piso.

Se acomodó a la izquierda, en posición fetal y repitió mentalmente:

"Veremos mañana que se cuadra."

viernes, 29 de junio de 2007

Aporte científico


Siempre, toda su vida había deseado ser una luminaria científica, conocer nuevos caminos para la investigación, hacer descubrimientos en los campos técnicos, inventar genialidades, participar en el aumento del conocimiento de la humanidad.

Claro, su vida no fue fácil, tenia ocho hermanos, él era uno de los del medio, no sobraba demasiado en la familia, los padres hacían lo posible pero siempre faltaba algo, carencias de una familia que se comportaba como lo que era, una familia pobre.
Pero él nunca cejó en su empeño por avanzar, de ser parte de la ciencia, de lograr llegar al conocimiento. Desde muy pequeño trabajó en cualquier cosa para conseguir algún peso para ayudar a su familia. Comenzó la escuela porque la ley así lo estipulaba, pero no llegó a terminarla. De todas formas quería participar en el avance de los hombres y siguió estudiando, pero nunca pudo llegar a secundaria.
Esto no lo amilanó, por el contrario, concurría a las bibliotecas, consultaba los libros, profundizaba los temas que mas le importaban. Fue cuando la crisis en la construcción que lo dejaron cesante, ya no se precisaba tanta mano de obra. Nunca pudo conseguir trabajos de oficina porque carecía de los estudios necesarios.
Sus visitas a las bibliotecas se iban espaciando, no tenia tiempo para dejar de trabajar y su apariencia física reflejaba su precaria situación económica. Mas de una vez los porteros le impidieron el acceso.
Su familia se fue disgregando, murieron sus padres, cada hermano tomo caminos diferentes y él quedo solo, siempre con la idea fija pese a todo de conseguir colaborar con el aumento de la capacidad de conocimiento del hombre.
Al final de su breve vida se había convertido en un ser de la calle, una especie de fantasma harapiento que buscaba comida en los tachos de basura, uno mas de los miles de abandonados por la sociedad insensible.
Con las propinas que recibía y las limosnas que algunas almas caritativas le brindaban sobrevivía malamente y el vino le ayudaba con el frío del invierno y con el triste recuerdo de su niñez pobre, su adolescencia carente, su juventud triste y su adultez solitaria.
En una de sus intoxicaciones alcohólicas, cuando la cirrosis que avanzaba limitaba brutalmente su aun joven vida, no despertó a tiempo del frío de la madrugada de invierno que lo encontró tirado en un basural cubierto de cajas de cartones.
Murió por hipotermia e intoxicación alcohólica severa, decía el parte del forense.
Él nunca lo supo, pero su mas grande deseo se cumplió finalmente.
Nadie reclamo el cuerpo.
En el marco de un convenio con la Universidad de la República, los despojos fueron donados a la Cátedra de Anatomía de la Facultad de Medicina.
El cuerpo acartonado quedo flotando en la pileta de formol de la casa de estudios a la espera de ser disecado por nuevas generaciones de estudiantes de medicina que luchaban por acrecentar sus conocimientos..
Su sueño se había cumplido, él era parte de ese avance.

domingo, 24 de junio de 2007

El cambio

No hubiese sido tan impactante verla atravesar la pared como la cosa más normal del mundo y mucho menos observarla flotando a dos metros de la ventana del séptimo piso mientras conversaban, no, en realidad lo realmente extraño - que no inquietante - fue sentir esa sensación de levedad que lo impulsó a seguirla, y poder hacerlo.

Y alli estaba, flotando junto a Cristina a más de veinte metros de la calle, lejos de la ventana que daba a la oficina. Ni siquiera se dio cuenta cuando atravesó la pared. Miraba todo desde afuera, por su propia ventana. Los compañeros seguían su rutina en ese horario pico de trabajo, derramando stress y transpirando. En su despacho, alguien estaba sentado en su sillón y parecía dormir apoyado sobre el escritorio. Le pareció conocido y con la misma naturalidad en que llegó hasta ese sitio, flotó acercándose para ver al extraño con más claridad. Era él. Desconcertado, se dio vuelta hacia Cristina para comentar su hallazgo y la vio sonriente, con la mano extendida, lo miraba con ternura, irradiaba paz y la comenzaba a rodear una luz intensa y celestial.

Recién alli recordó que ella, su único e inmenso amor, había muerto hacía años. Entoncen entendió todo, se confirmaba lo que siempre había intuido: los finales, en realidad, son comienzos. En ese momento todo dejó de preocuparle, simplemente tomó esa mano querida con firmeza y se alejaron conversando, todo era natural y simple. Tenían mucho que recordar y un tiempo eterno para hacerlo.