
El cuarto comenzó a achicarse. Al principio prácticamente no se notaban diferencias, pero las distancias se hacían mas cortas. Él lo intuía. Contó los pasos desde la puerta a la pared contraria... diez, once, casi doce y de la ventana al fondo de la pieza... ocho, nueve, diez. Justo diez pasos. Pero se estaba achicando, lo podía sentir y esa sensación de perdida de sustentación, de levedad que le estaba produciendo el piso al ir subiendo... pero era tan lento que apenas se notaba. Él lo sentía. Como sentía que el techo se movía, comenzaba a bajar. Estaba aterrorizado, lo paralizaba el encontrarse frente a ese fenómeno inexplicable, inesperado, no podía convencerse. Volvió a contar los pasos desde la puerta a la pared contraria... diez, once... once justo. ¡Estaba acortándose, lo estaba confirmando! y desde la ventana a la otra pared... ocho, nueve...¡solo nueve!, sin dudas se achicaba. El pavor casi le impedía mover las piernas, la respiración le era dificultosa, comenzó a sentirse mal, con el estomago revuelto. Desfalleciente llegó a la puerta, se abría hacia adentro y el piso al subir la trababa. Intento calmarse, pero no pudo contener el ataque de pánico, los pies le pesaban toneladas y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para arrastrarlos hacia la ventana, su única y última oportunidad de salir de ese encierro mortal. Pero el techo había bajado. Y al bajar trancó la parte superior. No pudo abrirla. Notó que el movimiento compresivo de paredes, piso y techo se hacía mas notorio, el ambiente se achicaba, le faltaba el aire, casi llegaba con su cabeza al techo y estirando los brazos pudo tocar ahora las paredes y apoyar las palmas en ellas sintiendo claramente el movimiento. Al taparse la ventana todo quedo a oscuras, el volumen libre desaparecía, se sintió desvanecer.
A la mañana siguiente la pieza estaba limpia y brillante, iluminada por un radiante sol que penetraba por la ventana.
La puerta estaba entornada y lucía un cartelito colgado en el picaporte:
SE ALQUILA Pase sin llamar
