
El lugar ideal lo encontró junto al borde de un pequeño barranco arenoso.
En la base puso un tablón grande en ángulo de 45 grados, colocando al centro con perfecto balance, un palo al que ató una cuerda larga.
Delicadamente fue aflojando la arena y tierra seca de la base.
Demoró poco menos de una hora para dejar pronto el mecanismo que aseguraba el efecto.
Sin apuro (pero sin pausa) cavó un hueco grande, cómodo, y la tierra que sacaba la fué distribuyendo con mucho cuidado sobre el mismo tablón, procurando que no perdiese el equilibrio.
Cuando llegó a la profundidad deseada, puso en su sitio la cuerda, tomó unos tragos de agua de la cantimplora, luego la guardó en el hueco junto con la pala, se acostó adentro y jaló de la cuerda.
Tal como lo había previsto, esto desprendió el tablón que resbaló tapando perfectamente la fosa y sobre este cayó toda la tierra suelta y la que se desprendió del pequeño barranco al desmoronarse su saliente, cubriendo completamente la madera sin dejar huellas de trabajo humano.
En completa oscuridad, pero aún con aire, llevó el 38 de caño corto a su boca. De afuera no se sintió nada.
Se "desapareció" impecablemente.
Un genio el hombre.
Houdini un bebé de pecho.
